FIP: la cuenta que juzga al lanzador solo por lo que él controla
La efectividad le carga al lanzador los hits que dependen de la defensa y de la suerte. El FIP los borra: mide al abridor únicamente por sus ponches, sus boletos y sus jonrones —lo único que de verdad está en sus manos— y lo devuelve a la escala de la efectividad, apoyándose en una constante igual que el wOBA se apoya en el OBP.
La efectividad —la vieja ERA— carga con un defecto de origen: le cobra al lanzador cosas que no dependen de él. Conectan un roletazo por el campocorto, bateado exactamente igual: es out si el shortstop estaba bien posicionado y llega, y es hit si quedó tres pasos corto o salió tarde. El lanzador hizo lo mismo en los dos casos; el marcador, no. Y cuando ese batazo se cuela al outfield y de ahí anotan, son carreras limpias —sin error de por medio— que la efectividad le apunta enteras al lanzador, como si la colocación del shortstop hubiera sido cosa suya.
Encima pesa una capa de puro criterio humano: que una jugada fallada se anote como error —carrera sucia, que no cuenta— o como hit —carrera limpia, que sí— queda a juicio del anotador oficial, y de esa sola decisión depende el número. El fondo del asunto es que, apenas la pelota se pone en juego, lo que sigue es cosa del bateador, de los ocho hombres que lo acompañan en el terreno, del anotador y de un buen tanto de azar. La efectividad no separa nada de eso: descuenta las carreras del error y el resto entero se lo carga al que lanzó.
El FIP —Fielding Independent Pitching, o pitcheo independiente de la defensa— nació para separar esas dos cosas. Su idea es simple: juzgar al lanzador solo por las jugadas que empiezan y terminan sin que nadie más meta la mano.
Lo que el lanzador sí controla
Esa idea no es un capricho; tiene detrás una investigación célebre. A comienzos de los 2000, Voros McCracken mostró algo que sacudió a la sabermetría: el porcentaje de bolas en juego que se convierten en hit contra un lanzador —lo que hoy llamamos BABIP— casi no se sostiene de un año al otro. Es decir, un pitcher no controla, temporada tras temporada, cuántos de esos batazos caen de hit; eso lo deciden la defensa, el parque y la suerte. Lo que sí controla, y de forma estable, son las jugadas donde la defensa no participa: el ponche, el boleto, el pelotazo y el jonrón. Todas empiezan y acaban entre el lanzador y el bateador, sin un guante de por medio
El FIP parte justo de ahí. Toma esos eventos, les pone un peso según lo que cuestan o ahorran en carreras, y descarta todo lo demás. No es que el resto no importe; es que el resto no es, en su mayoría, mérito ni culpa del lanzador.
La fórmula
El FIP se calcula así:
FIP = (13 × HR + 3 × (BB + HBP) − 2 × K) / IP + constante
Cada peso cuenta una historia que ya conocemos de los pesos lineales. El jonrón es el evento más caro del juego y por eso carga el peso mayor; el boleto y el pelotazo ponen un corredor en base sin batear, con un costo menor; y el ponche va con signo negativo, porque es el mejor desenlace para el lanzador: un out que no adelanta a nadie y que, en vez de costar carreras, las ahorra.
¿Y por qué no usa directamente los pesos lineales de esos eventos? Porque es justamente lo que hace, solo que a otra escala. Tom Tango tomó el peso lineal de cada evento y lo llevó a la escala de la ERA —carreras por cada nueve entradas—. Me explico: un jonrón cuesta alrededor de 1.44 carreras, un boleto o un pelotazo unas 0.33, y un ponche ahorra unas 0.22; multiplicando cada uno por nueve, 1.44 × 9 ≈ 13, 0.33 × 9 ≈ 3 y 0.22 × 9 ≈ 2, este último restando porque el ponche quita carreras. De ahí sale cada peso de la fórmula, uno por uno[1]
El caso extremo lo tuvo el dominicano Pedro Martínez. En 1999 lanzó 213.1 entradas, ponchó a 313, regaló apenas 37 boletos, tumbó a 9 y permitió solo 9 jonrones. La parte de arriba de la fórmula da 13×9 + 3×(37+9) − 2×313 = 117 + 138 − 626 = −371: una montaña de ponches y casi nada de lo que castiga, que deja el numerador muy por debajo de cero. Pero ese −371 no es el FIP: todavía falta dividirlo entre sus 213.1 entradas —da −1.739— y sumarle la constante de esa temporada, 3.134, que lo devuelve a terreno positivo. Con esa cuenta, su FIP quedó en 1.395, el más bajo del béisbol moderno[2]Tantos ponches y tan pocos boletos y jonrones empujan el FIP hacia abajo, que en la escala de la efectividad es hacia lo bueno[3].
La constante, o el ERA prestado
Falta explicar de dónde sale la constante que se suma al final, y aquí el FIP hace exactamente lo que hizo el wOBA. Sin la constante, la fórmula daría un número pelado, en unas unidades que no le dirían nada a nadie. La constante lo estira —o mejor, lo desliza— hasta la escala de la efectividad, para que el FIP se lea con la misma vara de siempre.
El truco es idéntico al de la escala del wOBA. Se toma la parte de arriba de la fórmula y se aplica a los totales de toda la liga en la temporada. En 2025, en las Mayores se conectaron 6,474 jonrones, se otorgaron 17,664 boletos, 2,223 pelotazos y se propinaron 46,094 ponches en unas 49,008 entradas lanzadas. Con esos números, la parte de arriba de la fórmula da:
13 × 6,474 + 3 × (17,664 + 2,223) − 2 × 46,094 = 84,162 + 59,661 − 92,188 = 51,635
y eso, dividido entre las 49,008 entradas, da 1.05. Ese es el FIP "crudo" de toda la liga, en unas unidades que todavía no se parecen a nada. La constante lo lleva a la escala de la efectividad: es lo que hay que sumarle para que iguale la ERA promedio de la liga, que en 2025 fue 4.22. Una simple resta —4.22 − 1.05 = 3.17— y, con esa constante puesta, el FIP queda clavado, año por año, en el ERA de la liga.
Cómo se lee, y qué le gana al ERA
Así como el wOBA promedio siempre cae sobre el OBP promedio, el FIP promedio siempre cae sobre la efectividad promedio, y por eso un FIP se lee como se lee una efectividad: 3.00 es muy bueno, 5.00 es de apuros, y más bajo es mejor. Para 2025, con el promedio de liga en 4.22, rondar los 3.20 es cosa de brazo de élite y acercarse a 4.70 es un lanzador en aprietos, con el promedio en el medio.
El FIP se interpreta comparándolo con la efectividad real del lanzador. Si su FIP es más bajo que su ERA, sus números de fondo son mejores de lo que dice la efectividad: la defensa, el orden de las jugadas o la mala suerte le cobraron de más, y lo esperable es que su ERA baje. Si su FIP es más alto, pasó lo contrario: la efectividad lo está adornando, y suele ser cuestión de tiempo que suba. La brecha entre ambos números es, en buena medida, el saldo de la suerte.
Dos dominicanos lo muestran, cada uno por un extremo. En 2017 José Ureña terminó con efectividad de 3.82, pero su FIP fue de 5.20, 1.38 más arriba: los ponches, boletos y jonrones lo pintaban bastante peor que su marcador, y ese 3.82 dependía de cosas que no pasaban por su brazo. A José Mercedes le tocó lo contrario en 2001: efectividad de 5.82 frente a un FIP de 4.32, 1.50 por debajo. Su pitcheo de fondo fue mejor de lo que dejó ver esa efectividad abultada, y la diferencia se la llevaron la defensa y la mala suerte.
Y conviene precisar qué es el FIP en el fondo. Se le cuelga a menudo la etiqueta de "predictivo", pero su creador, Tom Tango[4] insiste en lo contrario: es descriptivo. Toma lo que de verdad pasó —los jonrones, boletos, los pelotazos y ponches reales del lanzador—, lo pesa y lo lleva a escala, igual que el slugging pesa sencillos, dobles y jonrones y se olvida del resto. Como lo resume el propio Tango, el FIP es una medida pura de lo que un lanzador hizo, aunque haya otras cosas que también hizo y que quedan afuera; la efectividad, en cambio, mide el impacto de todo lo que hizo… más lo que hicieron sus defensores detrás. Que además el FIP de una temporada suela acompañar mejor la efectividad de la siguiente que la propia efectividad de esa temporada es un efecto de lo que deja afuera, no su razón de ser: el FIP describe, no pronostica.
Los primos: xFIP, FIP−, tRA y SIERA
El FIP tampoco es la última palabra. Como el jonrón permitido también tiene su cuota de azar —qué porcentaje de los elevados se va del parque sube y baja de un año al otro—, apareció el xFIP, que reemplaza los jonrones reales del lanzador por los que "debió" permitir según la tasa promedio de la liga. Y como el FIP tampoco ajusta por parque ni por liga, existe el FIP−, que hace con el FIP lo que el wRC+ hace con el wOBA: lo lleva a una base de 100 donde el promedio es siempre 100 y cada punto por debajo es un uno por ciento mejor, ya corregido por el parque y la época.
Y en la otra dirección va el tRA, que en lugar de botar las bolas en juego como hace el FIP les pone un valor según el tipo de batazo —roletazo, elevado, línea o palomita—, siempre sin cargarle al lanzador la defensa que tuvo detrás. Y un paso más allá está el SIERA, que en vez de mirar cada destreza por separado modela cómo se combinan —quien poncha mucho suele permitir contacto más flojo, y un boleto no pesa igual en un lanzador que casi no los regala—, buscando explicar por qué unos limitan las carreras mejor que otros. Pero cada uno pide su propio artículo.
Conclusión
El FIP no pretende contar todo lo que hace un lanzador; al contrario, su fuerza está en lo que deja fuera. Se queda solo con las jugadas que empiezan y terminan en el brazo del pitcher —el ponche, el boleto, el pelotazo y el jonrón—, las pesa por su valor en carreras y las lleva a la escala de la efectividad para que se lean sin traductor. Es el mismo principio de los pesos lineales llevado al montículo: separar lo que un jugador hizo de lo que le hicieron alrededor. Por eso, cuando el FIP de un lanzador queda por debajo de su efectividad, rara vez está premiando la suerte; casi siempre está diciendo que lanzó mejor de lo que quedó escrito en el marcador.
El ERA de liga, la constante FIP y los totales de liga de este artículo corresponden a las Grandes Ligas y salieron de SaberTables (sabertables.com). La constante se recalcula por temporada; la del texto es la de 2025.
Fuentes
- "FIP", FanGraphs Library. Enlace
- "FIP May Look Like ERA But It's Designed Like wOBA", FanGraphs Library. Enlace
- "Statistically Significant: FIP" (derivación de los pesos 13/3/2 desde los valores en carreras, ×9), Athletics Nation. Enlace
- "Any reason for the 13 in the FIP equation?" (Tom Tango confirma que los pesos vienen de los pesos lineales de Pete Palmer), r/Sabermetrics. Enlace
- Tom Tango, artículo de origen del FIP dentro del marco DIPS (fórmula temprana, encuadre descriptivo), Tangotiger.net. Enlace
- Tom Tango (@tangotiger): "FIP is a pure measure of what a pitcher did… ERA captures the impact of everything a pitcher did. Plus things that his fielders did." (el FIP como medida descriptiva de lo que el lanzador hizo), X. Enlace
- "ERA-, FIP-, xFIP-", FanGraphs Library. Enlace
- "tERA" (antes tRA, valora cada tipo de batazo), FanGraphs Library. Enlace
- "SIERA", FanGraphs Library. Enlace
- "Introducing SIERA" (origen de la métrica, Matt Swartz y Eric Seidman), Baseball Prospectus. Enlace
- "Fielding Independent Pitching", Baseball Reference Bullpen. Enlace
- "Fielding Independent Pitching (FIP)", MLB.com Glossary. Enlace
- "Fielding independent pitching", Wikipedia. Enlace
- "Stat of the Week: Fielding Independent Pitching (FIP)", New English D. Enlace
- "Beginner's Guide to Sabermetrics: FIP and xFIP", FantasyPros. Enlace
- "What Are FIP and xFIP?", RotoBaller. Enlace
- "The FIPtastic Mason Miller", Baseball Prospectus. Enlace
- "Pedro Martinez 1999 Pitching" (línea de la temporada: IP, K, BB, HBP, HR), Baseball Reference. Enlace
Notas
-
Estos valores en carreras —1.44 por jonrón, 0.33 por boleto o pelotazo, 0.22 por ponche— son los pesos lineales aproximados de la época en que Tom Tango armó la fórmula, a principios de los 2000. Los pesos lineales varían un poco de una era a otra, pero los coeficientes del FIP (13, 3 y −2) quedaron fijos desde entonces: la variación de cada temporada la absorbe la constante, no los pesos.
↩ -
El 3.134 es la constante que usa Baseball-Reference para 1999, de donde sale ese 1.395. SaberTables —la fuente del resto del artículo— trae para esa temporada una constante un pelo más alta, 3.138, con la que la misma línea de Pedro da 1.40. Es una diferencia de un par de milésimas por la fuente de la constante, no por el cálculo, y en ambas versiones sigue siendo el FIP más bajo del béisbol moderno.
↩ -
En la línea de Pedro la cuenta se quedó en positivo, pero el FIP sí puede irse por debajo de cero, algo que una efectividad no puede hacer: con cero carreras, lo más bajo posible es 0.00. Ocurre en muestras muy pequeñas —un relevista dominando a cuanto bateador enfrenta—, donde el numerador queda tan negativo que ni la constante lo levanta. En 2026 Mason Miller mantuvo el FIP en negativo del 4 de abril al 15 de mayo; tras sus primeras siete salidas estaba en −1.67, con 19 ponches entre 24 bateadores, un boleto y ningún jonrón. Baseball Prospectus lo llamó uno de los números irracionales del béisbol: romper la estadística.
↩ -
En el artículo donde Tom Tango presentó la métrica dentro del marco DIPS de Voros McCracken, la fórmula aparecía en una forma más simple —FIP = (13·HR + 3·BB − 2·K) / IP—, sin el pelotazo (HBP) ni la constante que la lleva a la escala de la efectividad; los dos se incorporaron después.
↩