Quién decide mejor en el plato
Noventa dominicanos desde 1989, medidos lanzamiento por lanzamiento. Juan Soto encabeza la lista, pero lo que sale no es un ranking de paciencia.
Hay dos elogios que se oyen en cualquier colmadón y que suenan opuestos. "Ese muchacho tiene un buen ojo, no le tira a nada malo." Y también: "ese sí es bateador de verdad, no se queda con el bate en el hombro."
Los dos pueden ser ciertos del mismo jugador. Y ninguno de los dos mide lo que la gente cree que mide.
Lo que sigue es un intento de ponerle número a algo que normalmente se discute: cuando un bateador decide tirarle o dejarla pasar, ¿cuánto le costó o le rindió esa decisión a su equipo?
La cuenta abarca a los dominicanos que debutaron en Grandes Ligas desde 1989 y recibieron 8,000 lanzamientos o más en su carrera, hasta la temporada de 2025. El corte está en 1989 porque es la primera temporada con registro casi completo de lo que pasó lanzamiento por lanzamiento.
Un strike en el primer lanzamiento y un strike en 3-2 no son el mismo strike
Perdone que empiece explicando lo que usted sabe desde niño. Aguante dos párrafos, porque todo lo demás cuelga de aquí, y porque el tamaño de la diferencia sí sorprende.
Un equipo con un hombre en primera y un out tiene, en promedio, cierta cantidad de carreras por delante en esa entrada. No una carrera exacta: un promedio, sacado de miles y miles de veces que esa misma situación ocurrió. Si el bateador recibe un strike, ese promedio baja. Si recibe una bola, sube.
Lo interesante es cuánto sube y cuánto baja según el conteo:
| Conteo | Lo que cuesta un strike | Lo que vale una bola |
|---|---|---|
| Primer lanzamiento | −0.045 | +0.038 |
| 0-1 | −0.060 | +0.028 |
| 0-2 | −0.178 | +0.023 |
| 1-0 | −0.054 | +0.065 |
| 1-1 | −0.066 | +0.053 |
| 1-2 | −0.199 | +0.041 |
| 2-0 | −0.067 | +0.110 |
| 2-1 | −0.077 | +0.107 |
| 2-2 | −0.239 | +0.100 |
| 3-0 | −0.065 | +0.103 |
| 3-1 | −0.083 | +0.177 |
| 3-2 | −0.338 | +0.260 |
Un strike en el primer lanzamiento cuesta unas cuatro centésimas de carrera. En 3-2 cuesta unas treinta y cuatro centésimas: siete veces y media más caro. Y una bola en 3-2 vale casi siete veces lo que vale la primera bola del turno.
Ahí está todo. El bateador que deja pasar el primer lanzamiento y se lo cantan strike no hizo casi nada malo. El que lo deja pasar en 3-2 acaba de regalar un tercio de carrera. Y el que le tira a una mala en el primer lanzamiento casi no pierde nada, mientras que tirarle a esa misma mala en 3-2 le tumba al equipo la base por bolas que ya tenía en la mano.
Disciplina en el plato no es dejar pasar pelotas. Es saber en cuál conteo el strike se paga caro.
Ir adelante en el conteo no solo abarata el strike: también mejora el lanzamiento
Hay una segunda razón, y esta se oye frecuentemente: el que trabaja el conteo ve mejores lanzamientos. Desde 2008 se sabe por dónde cruzó cada pelota el plato, así que se puede comprobar.
| Conteo | Lanzamientos en la zona |
|---|---|
| 0-2 | 24.6% |
| 1-2 | 29.6% |
| 0-1 | 35.0% |
| 2-2 | 37.3% |
| 1-1 | 39.6% |
| Primer lanzamiento | 43.1% |
| 1-0 | 44.2% |
| 2-1 | 45.7% |
| 2-0 | 47.0% |
| 3-2 | 48.0% |
| 3-0 | 48.5% |
| 3-1 | 50.8% |
Con el bateador adelante en el conteo, el 45.8% de los lanzamientos cruza la zona. Con el lanzador adelante, el 32.3%. En 3-1 le tiran a la zona el doble de veces que en 0-2.
Y no solo son más lanzamientos buenos: se batean mejor. Los batazos desde un conteo a favor salen a 90.1 millas por hora y los de un conteo en contra a 86.9. Son barriles el 9.5% de las veces contra el 5.5%. Y en xwOBA —la producción esperada de cada batazo, según cómo salió de la madera—, .400 contra .344.
O sea que el conteo paga dos veces. Adelante, el strike cuesta menos y el lanzamiento que viene es mejor. Atrás, el strike cuesta el triple y encima lo que viene es peor.
Y hasta aquí llevamos dos tablas y una pila de decimales para demostrar lo que usted ya sabía desde niño. Gracias por aguantar. De aquí en adelante viene lo que no es tan obvio.
Cómo se le pone precio a una decisión
Cada lanzamiento que recibe un bateador es una decisión y nada más: le tira o no le tira. De ahí solo pueden salir cinco cosas, y cada una tiene su precio en carreras dentro de esa situación exacta —el conteo, los outs y quién está en base.
- La deja pasar y se la cantan bola.
- La deja pasar y se la cantan strike.
- Le tira y abanica.
- Le tira y da foul.
- Le tira y pone la pelota en juego.
Las primeras cuatro se cobran tal cual: cada una mueve el conteo, y ese movimiento tiene su precio. Con la excepción que usted ya está pensando: el foul con dos strikes no mueve nada. La quinta necesita una aclaración.
Cuando el bateador pone la pelota en juego, aquí no se cuenta lo que pasó —si fue jonrón, sencillo o rolata al short. Se cuenta lo que vale en promedio poner la pelota en juego en ese conteo. Si se contara el resultado de la bola en juego, la tabla terminaría midiendo quién bateaba mejor, y para eso ya están el OPS+ y el wRC+. Lo que se quiere medir aquí es en qué conteo tomó la decisión, no qué tan bien le salió el batazo.
Aun así, la cuenta no separa del todo la decisión de la ejecución. Una vez que el bateador le tira, fallar, dar foul y poner la pelota en juego no valen lo mismo, y eso ya no depende solo de haber escogido bien el lanzamiento.
Todo se compara contra lo que valió el lanzamiento promedio en ese mismo conteo, temporada por temporada. Eso último importa más de lo que parece: un ponche en 1998 y un ponche en 2023 no significan lo mismo, porque hoy se poncha muchísima más gente. Al comparar cada temporada consigo misma, el bateador de los noventa y el de ahora quedan medidos cada uno en su propio contexto.
El resultado se lee como carreras por cada 100 lanzamientos recibidos. Y conviene ser claro: no son carreras que el equipo anotó. Son la manera de ponerle tamaño a la decisión — cuánto movió, hacia arriba o hacia abajo, la expectativa de carreras de su equipo cada vez que el bateador decidió tirarle o dejarla pasar. Cero es el promedio. Positivo quiere decir que sus decisiones dejaron al equipo en mejor posición que las del bateador promedio; negativo, en peor.
Los 90, de mejor a peor
Noventa dominicanos llegan al mínimo de 8,000 lanzamientos recibidos. Están todos.
Tres columnas hay que leer. Por 100 es la que ordena la tabla: carreras sobre el promedio por cada 100 lanzamientos recibidos, o sea quién decidió mejor. Carreras es lo mismo pero acumulado en toda la carrera, así que premia decidir bien y además durar. Swing es el porcentaje de lanzamientos recibidos a los que les tiró.
| # | Jugador | Años | Lanzamientos | Carreras | Por 100 | Swing |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Juan Soto | 2018-2025 | 19,818 | +184.7 | +0.932 | 36.9% |
| 2 | Carlos Santana | 2010-2025 | 38,320 | +284.4 | +0.742 | 40.4% |
| 3 | José Ramírez | 2013-2025 | 27,200 | +201.0 | +0.739 | 44.4% |
| 4 | Vladimir Guerrero Jr. | 2019-2025 | 15,506 | +107.9 | +0.696 | 47.6% |
| 5 | Geraldo Perdomo | 2021-2025 | 8,816 | +59.8 | +0.678 | 40.2% |
| 6 | Plácido Polanco | 1998-2013 | 27,171 | +156.8 | +0.577 | 45.1% |
| 7 | Albert Pujols | 2001-2022 | 48,902 | +279.3 | +0.571 | 44.2% |
| 8 | Quilvio Veras | 1995-2001 | 12,667 | +65.3 | +0.516 | 38.9% |
| 9 | Luis Castillo | 1996-2010 | 30,381 | +155.1 | +0.511 | 36.8% |
| 10 | Moisés Alou | 1990-2008 | 26,553 | +122.4 | +0.461 | 49.8% |
| 11 | Ketel Marte | 2015-2025 | 19,189 | +84.2 | +0.439 | 46.6% |
| 12 | José Reyes | 2003-2018 | 29,812 | +120.7 | +0.405 | 45.8% |
| 13 | Melky Cabrera | 2005-2019 | 27,522 | +109.4 | +0.397 | 47.2% |
| 14 | Rafael Furcal | 2000-2014 | 27,940 | +102.6 | +0.367 | 42.2% |
| 15 | D'Angelo Jiménez | 1999-2007 | 10,281 | +36.8 | +0.358 | 37.4% |
| 16 | José Offerman | 1990-2005 | 25,144 | +87.6 | +0.348 | 40.0% |
| 17 | José Bautista | 2004-2018 | 30,255 | +92.2 | +0.305 | 39.5% |
| 18 | David Ortiz | 1997-2016 | 40,429 | +110.9 | +0.274 | 44.4% |
| 19 | Jean Segura | 2012-2023 | 21,699 | +54.5 | +0.251 | 49.2% |
| 20 | Robinson Canó | 2005-2022 | 32,648 | +76.9 | +0.236 | 51.7% |
| 21 | Eduardo Núñez | 2010-2020 | 10,576 | +24.4 | +0.230 | 51.6% |
| 22 | Maikel Franco | 2014-2022 | 12,917 | +24.7 | +0.192 | 51.1% |
| 23 | Jorge Polanco | 2014-2025 | 18,001 | +34.6 | +0.192 | 45.0% |
| 24 | Manny Machado | 2012-2025 | 30,112 | +56.7 | +0.188 | 48.8% |
| 25 | Edwin Encarnación | 2005-2020 | 32,474 | +60.5 | +0.186 | 44.2% |
| 26 | Erick Aybar | 2006-2017 | 19,220 | +32.3 | +0.168 | 50.9% |
| 27 | Manuel Margot | 2016-2025 | 12,093 | +19.5 | +0.162 | 48.3% |
| 28 | Vladimir Guerrero | 1996-2011 | 28,540 | +45.8 | +0.161 | 57.9% |
| 29 | Neifi Pérez | 1996-2007 | 18,109 | +24.4 | +0.135 | 52.2% |
| 30 | Miguel Tejada | 1997-2013 | 33,001 | +38.5 | +0.117 | 47.6% |
| 31 | Aramis Ramírez | 1998-2015 | 32,902 | +32.9 | +0.100 | 51.3% |
| 32 | Luis García | 2020-2025 | 8,092 | +7.6 | +0.094 | 52.3% |
| 33 | Ronnie Belliard | 1998-2010 | 21,215 | +18.9 | +0.089 | 44.3% |
| 34 | Hanley Ramírez | 2005-2019 | 26,998 | +21.2 | +0.078 | 45.8% |
| 35 | José Vizcaíno | 1989-2006 | 19,918 | +12.6 | +0.063 | 48.9% |
| 36 | Manny Ramírez | 1993-2011 | 38,397 | +21.4 | +0.056 | 43.3% |
| 37 | Fernando Tatis Jr. | 2019-2025 | 10,996 | +4.1 | +0.037 | 49.9% |
| 38 | Marcell Ozuna | 2013-2025 | 26,377 | -6.5 | -0.025 | 46.9% |
| 39 | Rafael Devers | 2017-2025 | 19,043 | -5.3 | -0.028 | 52.3% |
| 40 | Ramón Santiago | 2002-2014 | 9,843 | -3.4 | -0.034 | 45.8% |
| 41 | Abraham O. Núñez | 1997-2008 | 10,051 | -4.2 | -0.041 | 47.2% |
| 42 | Alex Rodríguez | 1994-2016 | 47,672 | -20.3 | -0.043 | 43.9% |
| 43 | Adrian Beltré | 1998-2018 | 45,635 | -23.8 | -0.052 | 49.3% |
| 44 | Deivi Cruz | 1997-2005 | 13,931 | -8.0 | -0.057 | 51.9% |
| 45 | Julio Lugo | 2000-2011 | 20,780 | -12.2 | -0.059 | 42.2% |
| 46 | Starlin Castro | 2010-2021 | 24,241 | -16.0 | -0.066 | 48.5% |
| 47 | Gregory Polanco | 2014-2021 | 12,887 | -11.7 | -0.090 | 46.8% |
| 48 | Gerónimo Berroa | 1989-2000 | 10,287 | -13.5 | -0.132 | 44.8% |
| 49 | Nomar Mazara | 2016-2022 | 10,870 | -14.7 | -0.135 | 46.8% |
| 50 | Jeremy Peña | 2022-2025 | 8,313 | -14.2 | -0.171 | 53.8% |
| 51 | Jhonny Peralta | 2003-2017 | 28,688 | -49.9 | -0.174 | 47.6% |
| 52 | Alejandro De Aza | 2007-2017 | 11,350 | -21.7 | -0.191 | 46.3% |
| 53 | Pedro Féliz | 2000-2010 | 15,286 | -31.0 | -0.203 | 49.9% |
| 54 | Jeimer Candelario | 2016-2025 | 14,440 | -30.8 | -0.213 | 47.3% |
| 55 | Tony Batista | 1996-2007 | 19,182 | -41.8 | -0.218 | 47.9% |
| 56 | Cristian Guzmán | 1999-2010 | 19,434 | -42.6 | -0.219 | 47.2% |
| 57 | Willy Taveras | 2004-2010 | 9,608 | -22.6 | -0.235 | 47.4% |
| 58 | Starling Marte | 2012-2025 | 23,503 | -60.0 | -0.255 | 52.7% |
| 59 | Emilio Bonifacio | 2007-2020 | 11,402 | -32.7 | -0.287 | 46.4% |
| 60 | Amed Rosario | 2017-2025 | 14,062 | -41.3 | -0.294 | 53.0% |
| 61 | Nelson Cruz | 2005-2023 | 32,533 | -97.2 | -0.299 | 48.6% |
| 62 | Juan Uribe | 2001-2016 | 24,689 | -77.2 | -0.313 | 52.4% |
| 63 | Danny Bautista | 1993-2004 | 9,319 | -31.3 | -0.336 | 48.7% |
| 64 | Jonathan Villar | 2013-2022 | 15,748 | -55.1 | -0.350 | 48.0% |
| 65 | Fernando Tatis | 1997-2010 | 13,613 | -48.2 | -0.354 | 45.5% |
| 66 | Carlos Peña | 2001-2014 | 23,446 | -86.7 | -0.370 | 45.4% |
| 67 | Juan Encarnación | 1997-2007 | 18,470 | -71.1 | -0.385 | 49.7% |
| 68 | Raúl Mondesí | 1993-2005 | 22,124 | -90.9 | -0.411 | 49.3% |
| 69 | Willy Adames | 2018-2025 | 17,288 | -72.2 | -0.418 | 48.4% |
| 70 | Gary Sánchez | 2015-2025 | 13,492 | -58.4 | -0.433 | 44.3% |
| 71 | José Guillén | 1997-2010 | 22,641 | -100.7 | -0.445 | 51.1% |
| 72 | Jesús Sánchez | 2020-2025 | 8,073 | -39.6 | -0.490 | 50.2% |
| 73 | Juan Lagares | 2013-2022 | 9,569 | -47.0 | -0.491 | 49.3% |
| 74 | Julio Rodríguez | 2022-2025 | 9,438 | -46.4 | -0.492 | 53.8% |
| 75 | Wili Castro | 2019-2025 | 9,797 | -48.3 | -0.493 | 54.1% |
| 76 | Leury García | 2013-2022 | 8,437 | -43.4 | -0.515 | 54.5% |
| 77 | Ramón Laureano | 2018-2025 | 11,356 | -66.5 | -0.585 | 47.5% |
| 78 | Welington Castillo | 2010-2019 | 10,558 | -64.2 | -0.608 | 44.0% |
| 79 | Ángel Berroa | 2001-2009 | 9,948 | -63.7 | -0.640 | 54.2% |
| 80 | Wilson Betemit | 2001-2013 | 9,294 | -61.9 | -0.666 | 45.4% |
| 81 | Sammy Sosa | 1989-2007 | 37,837 | -254.2 | -0.672 | 49.8% |
| 82 | Carlos Gómez | 2007-2019 | 18,588 | -125.0 | -0.673 | 55.8% |
| 83 | Franmil Reyes | 2018-2023 | 8,390 | -56.9 | -0.678 | 47.8% |
| 84 | Pedro Álvarez | 2010-2018 | 12,986 | -91.6 | -0.705 | 46.8% |
| 85 | Alfonso Soriano | 1999-2014 | 31,177 | -221.2 | -0.709 | 53.3% |
| 86 | Junior Félix | 1989-1994 | 8,501 | -63.6 | -0.749 | 49.7% |
| 87 | Teoscar Hernández | 2016-2025 | 17,448 | -141.6 | -0.811 | 50.3% |
| 88 | Henry Rodríguez | 1992-2002 | 12,363 | -107.9 | -0.872 | 51.0% |
| 89 | Miguel Sanó | 2015-2024 | 12,474 | -133.4 | -1.070 | 44.2% |
| 90 | Miguel Olivo | 2002-2014 | 14,405 | -174.1 | -1.208 | 54.7% |
Juan Soto encabeza la lista con un margen grande: su cifra es 26% más alta que la del segundo, en una tabla donde casi todos caben en un puño.
La columna de Carreras cuenta otra historia. Ahí manda Carlos Santana con +284.4, seguido de Albert Pujols con +279.3 en 48,902 lanzamientos, más que ningún otro dominicano del período. En el otro extremo del acumulado está Sammy Sosa, con −254.2, y detrás Alfonso Soriano con −221.2.
Y Alex Rodríguez aparece en el puesto 42, justo en la mitad de la tabla, con el segundo volumen más alto de la lista: 47,672 lanzamientos recibidos en veintitrés temporadas.
Decidir bien y batear bien son dos cosas distintas
Manny Ramírez está en el puesto 36 y Alex Rodríguez en el 42. Sus wRC+ de carrera son 153 y 141: dos de los cinco más altos de la lista. Dos de los bateadores más productivos, los dos en la mitad de la tabla. ¿Cómo es posible?
Porque esta tabla no mide la producción. Lo dice la sección anterior pero conviene repetirlo aquí: cuando el bateador pone la pelota en juego, el cálculo le pone el valor promedio de ponerla en juego en ese conteo. La tabla mide en qué conteo hizo swing, no qué tan bueno fue el batazo.
Es como juzgar una jugada de dominó. Se puede jugar la ficha correcta y perder la mano, y se puede jugar la ficha equivocada y ganarla. Aquí se está midiendo la ficha elegida, no la mano.
Y una cosa dice bastante poco de la otra. Parta la lista por la mitad: los 45 que decidieron mejor y los 45 que decidieron peor. Ahora pártala otra vez, pero por wRC+: los 45 que produjeron más y los 45 que produjeron menos.
Si decidir y producir fueran la misma cosa, casi todo el mundo caería en bueno para las dos o malo para las dos, y los otros dos grupos quedarían vacíos. No pasa eso. Los cuatro salen parecidos: 26 peloteros quedan arriba en ambas, 26 quedan abajo en ambas, 19 deciden bien y producen poco, y 19 deciden mal y producen mucho.
Los ejemplos se ven solos:
| Jugador | Puesto | Por 100 | wRC+ de carrera |
|---|---|---|---|
| Juan Soto | 1 | +0.932 | 158 |
| Plácido Polanco | 6 | +0.577 | 97 |
| Albert Pujols | 7 | +0.571 | 141 |
| Luis Castillo | 9 | +0.511 | 97 |
| Vladimir Guerrero | 28 | +0.161 | 136 |
| Manny Ramírez | 36 | +0.056 | 153 |
| Alex Rodríguez | 42 | −0.043 | 141 |
| Sammy Sosa | 81 | −0.672 | 124 |
| Miguel Olivo | 90 | −1.208 | 78 |
Luis Castillo y Plácido Polanco están entre los diez primeros de esta tabla, decidieron bien y produjeron por debajo del bateador promedio. Manny Ramírez y Alex Rodríguez están pegados a cero —+0.056 y −0.043—, o sea que decidieron como el bateador promedio de sus temporadas, y produjeron entre los mejores del grupo.
Juan Soto es el único que encabeza las dos: primero en esta tabla y el wRC+ más alto de los 90. Detrás de él, el que más se acerca a estar arriba en ambas es Albert Pujols.
Y hay un dato que va en la misma dirección: entre estos 90, mientras más jonrones por turno, un poquito peor la posición en esta tabla, no mejor. La relación es débil, pero apunta en esa dirección.
Entre las estadísticas conocidas, con la que más se relaciona esta tabla es con el OBP. Y sus dos componentes tiran para lados distintos: lo que el bateador gana dejando pasar va sobre todo con los boletos, y lo que gana o pierde atacando va sobre todo con los hits y los ponches.
Sammy Sosa es el que más jonrones sacó por turno de los 90 y quedó 81. Recibió muchos más lanzamientos con dos strikes que el bateador promedio de sus temporadas: 29.1% contra 25.5%. Pero esa diferencia no aparece en las pelotas que logró poner en juego: el 33.2% de sus batazos salieron con dos strikes, prácticamente lo mismo que el 33.0% de la liga. Los turnos de más que pasó con dos strikes terminaban sobre todo en ponche, y se ponchó en el 23.3% de sus turnos.
Un bateador puede tomar buenas decisiones en el plato y no hacerle nada a la pelota. Otro puede tomar decisiones mediocres y desaparecerla. Son dos habilidades distintas.
Cuatro maneras de transitar un turno
Hay una forma más de mirar la tabla: no por lo que el bateador decidió en cada lanzamiento, sino por dónde terminaron pasando sus turnos.
Los conteos se pueden agrupar en tres. Los que favorecen al bateador —1-0, 2-0, 3-0, 2-1, 3-1—, los que favorecen al lanzador —0-1, 0-2, 1-2, 2-2— y los neutrales —el primer lanzamiento, 1-1 y 3-2—. Comparando el reparto de cada pelotero contra el de un bateador promedio de sus mismas temporadas, sale una cifra sola: cuánta ventaja neta en conteos acumuló a lo largo de su carrera. Un +5 quiere decir que, frente al bateador promedio de sus mismas temporadas, cinco de cada cien lanzamientos que recibió le llegaron en un conteo mejor. Un −5, cinco de cada cien en un conteo peor.
La misma cuenta se puede hacer solo con los lanzamientos que conectó, y esa segunda cifra dice en qué conteos estaba cuando le pegó a la pelota.
Esas dos columnas, más el wRC+ y el porcentaje de ponches, dibujan cuatro perfiles extremos. Estos cuatro peloteros los representan bien:
| Perfil | Jugador | Ventaja en conteos | Al conectar | wRC+ | Ponches | Puesto |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Construye el conteo y produce | Juan Soto | +11.86 | +6.69 | 158 | 17.3% | 1 |
| No construye y produce | Julio Rodríguez | −5.08 | +1.67 | 129 | 24.2% | 74 |
| Conecta en buen conteo, pero conecta poco | Miguel Sanó | +2.03 | +15.97 | 114 | 36.5% | 89 |
| Nada le sale | Juan Lagares | −9.30 | −10.77 | 79 | 21.1% | 73 |
Juan Soto tiene la mayor ventaja en conteos de los 90: +11.86. A eso le suma 158 de wRC+. Está arriba del todo en las dos cosas.
Julio Rodríguez transita por conteos peores que el promedio y aun así produce con 129 de wRC+. No acumula la ventaja y el bate se la repone.
Miguel Sanó conectaba en mejores conteos que ningún otro de la lista —+15.97— y aun así quedó 89 de 90, con 36.5% de ponches. La ventaja que desarrollaba se le quedaba sin cobrar.
Juan Lagares está entre los peores de los 90 transitando —−9.30— y también es negativo al conectar, con 79 de wRC+. No hay compensación por ningún lado.
Julio Rodríguez y Juan Lagares están pegados en esta tabla, en los puestos 74 y 73, con −0.492 y −0.491 por cada 100 lanzamientos. Prácticamente el mismo número. Uno batea con 129 de wRC+ y el otro con 79.
¿Y si el conteo lo construye el lanzador y no el bateador?
Cabe una objeción, y es la mejor que se le puede hacer a esta tabla. Al bateador temido no le lanzan igual: le trabajan las esquinas y las bolas se le acumulan sin que él haga nada. Al flojo lo atacan en la zona desde el primer lanzamiento y el conteo se le va en contra sin que haya cometido un error. Si eso fuera lo que manda, esta tabla estaría midiendo el respeto del lanzador y no la decisión del bateador.
La primera mitad de la objeción es cierta y se puede medir, porque desde 2008 se sabe por dónde cruzó cada lanzamiento el plato. La liga recibe el 39.6% de los lanzamientos dentro de la zona. Vladimir Guerrero recibió 30.6% y David Ortiz 33.3%: los dos porcentajes más bajos entre los dominicanos que se pueden medir desde 2008.
Pero esa segunda mitad no alcanza para explicar los resultados.
| Jugador | Lanzamientos en zona | Puesto en la tabla |
|---|---|---|
| Vladimir Guerrero | 30.6% | 28 |
| Alfonso Soriano | 34.0% | 85 |
| Juan Soto | 38.2% | 1 |
| Julio Rodríguez | 38.2% | 74 |
| Juan Lagares | 41.4% | 73 |
| Plácido Polanco | 41.5% | 6 |
| Geraldo Perdomo | 43.4% | 5 |
A Juan Soto le tiran a la zona casi exactamente lo mismo que a Julio Rodríguez, y uno es primero de la tabla y el otro 74. Y al revés: a Alfonso Soriano le tiraron a la zona menos que a casi todos —el trato que según la objeción debería favorecerlo— y terminó 85 de 90.
Que el lanzador ajusta según a quién tiene enfrente no está en duda. Los diez a los que más les atacan la zona son, en su mayoría, bateadores de poca producción: siete de los diez tienen wRC+ por debajo de 100, y la mediana de ese grupo es 97 contra 109 de los diez a los que menos zona les tiran. Al que no le ven peligro, le tiran strikes.
Lo que no aparece en los datos es que el porcentaje de lanzamientos en la zona, por sí solo, explique el puesto en esta tabla. Dentro de ese mismo grupo de diez más atacados, los puestos van del quinto al 78. Geraldo Perdomo quedó quinto y Plácido Polanco sexto; Welington Castillo 78 y Ramón Laureano 77. A los cuatro les tiraron a la zona más que al resto del grupo, y dos terminaron arriba de todo y dos casi al final.
La oferta del lanzador influye, de eso no hay duda. Pero no alcanza para explicar esta tabla: dos bateadores con porcentajes de zona casi idénticos terminan en extremos opuestos.
Barry Bonds, con el mismo cálculo
El +0.932 de Juan Soto es el número más alto de esta lista, pero la lista es de dominicanos. Para saber si es alto de verdad hay que medir a alguien de fuera con el mismo método, y hay un candidato obvio.
Bonds jugó de 1986 a 2007. La cuenta se le hizo de 1989 en adelante, la misma ventana del estudio, y sin contar sus 669 bases por bolas intencionales[1]de esos años, que no son decisión del bateador: son casi 2,400 lanzamientos, el 5.7% de todo lo que recibió. En 2004 recibió 120 bases intencionales en 617 turnos, así que ese año decidió muchas menos veces que un bateador cualquiera.
| Barry Bonds | Juan Soto | Vladimir Guerrero | |
|---|---|---|---|
| Por 100 lanzamientos | +1.076 | +0.932 | +0.161 |
| Ventaja neta en conteos | +11.59 | +11.86 | +0.38 |
| Dejar pasar | +3.388 | +2.827 | +3.458 |
| Swing | 38.0% | 36.9% | 57.9% |
En carreras por 100 lanzamientos, Bonds queda primero, por delante de Soto. Pero la diferencia no está donde uno la buscaría: construyendo el conteo están empatados, y Soto hasta un pelo arriba.
La diferencia está en la columna de dejar pasar, y esa columna no se puede leer como una medida de paciencia por sí sola. Mide acertar en lo que uno deja ir, y el que abanica mucho deja ir un grupo más selecto de lanzamientos: si solo deja pasar lo evidente, acierta casi siempre. Por eso el primero de los noventa en esa columna es Vladimir Guerrero, con +3.458, y está ahí arriba con 57.9% de swing y sin construir conteo ninguno: +0.38 de ventaja.
Bonds dejó pasar el 62% de los lanzamientos —veinte puntos más que Vlad— y aun así se le queda a siete milésimas: +3.388. Y frente a Soto, que deja pasar prácticamente la misma proporción que él, le saca medio punto por cada cien lanzamientos. Ahí está lo que los separa: no en llegar a buenos conteos, sino en cuántas veces tuvieron razón en dejarla pasar.
Decidiendo, en el total de la carrera, la distancia no es enorme: el margen de Bonds sobre Soto es más corto que el de Soto sobre Carlos Santana.
Lo que se sale de escala son sus temporadas de 2002 y 2004. Las cinco de abajo llegaron a partir de sus 37 años, una edad en la que el rendimiento de un bateador normalmente empieza a declinar. Explicar por qué Bonds siguió mejorando queda fuera del alcance de este análisis.
| Temporada | Por 100 |
|---|---|
| 2002 | +1.900 |
| 2003 | +1.189 |
| 2004 | +2.088 |
| 2006 | +1.398 |
| 2007 | +1.502 |
De las 727 temporadas dominicanas de al menos 1,300 lanzamientos recibidos, ninguna alcanza el +2.088 de su 2004. Ninguna alcanza tampoco el +1.900 de su 2002. La mejor temporada dominicana del período es la de Soto en 2021, con +1.319.
Ponga la escala sobre la Autopista Duarte, repartida a la misma proporción todo el camino, con Olivo en un extremo y Soto en el otro, y caen así.
| Equivalencia aproximada en la escala | |
|---|---|
| Miguel Olivo, último de la lista | Santo Domingo (Km. 0) |
| El bateador promedio | Bonao (Km. 93) |
| Juan Soto, primero de la lista | Santiago (Km. 164) |
| Barry Bonds, carrera completa | Villa González (Km. 175) |
| Barry Bonds, temporada de 2004 | Villa Vásquez (Km. 253) |
Los noventa de la lista caben enteros entre Santo Domingo y Santiago, con el bateador promedio en Bonao. La carrera de Bonds asoma en Villa González. Su temporada de 2004 sigue de largo hasta Villa Vásquez, a la vuelta de la frontera.
Los peloteros que jugaron con él y contra él llevan años contando la misma escena, y la han repetido en entrevista tras entrevista: Bonds era capaz de pasarse un juego completo esperando un error del lanzador, y cuando por fin ocurría, lo mandaba a 450 pies.
La cuenta de arriba no sabe nada de jonrones ni de distancias, y no prueba esa escena. Pero sí confirma la primera mitad: dejó ir casi dos de cada tres lanzamientos que le tiraron, y al hacerlo acertó como casi nadie.
Y el 2007, con 42 años, le da +1.502. Es su cuarta mejor temporada, y sigue por encima de cualquier año de cualquiera de los noventa.
El dominicano de primer y segundo año transita peor que la liga; desde la tercera temporada, mejor
"De la isla no se sale caminando." La frase lleva décadas repitiéndose, y los datos le dan la razón a medias: vale mientras el pelotero está llegando, y deja de valer cuando se queda.
Entre 2008 y 2025, los dominicanos de esta lista le tiraron al 48.3% de los lanzamientos que recibieron. Un bateador promedio de esas mismas temporadas le tiró al 46.9%. Si el dominicano abanica más, ¿termina también en peores conteos que el resto de la liga?
Para esta tabla hay que abrir el universo. No son los 90 de la lista sino los 363 dominicanos de posición que pasaron por Grandes Ligas desde 1989, porque un novato no puede tener 8,000 lanzamientos encima. Cada temporada se compara contra la liga de ese año. La columna dice cuántos puntos porcentuales más —o menos— de sus lanzamientos ocurrieron en conteos que favorecen al bateador.
| Período | Todos | Con 3+ temporadas | Novatos y segundo año |
|---|---|---|---|
| 1989-1994 | −2.10 | −1.80 | −3.75 |
| 1995-1999 | −1.43 | −1.15 | −2.49 |
| 2000-2004 | −0.54 | −0.38 | −1.57 |
| 2005-2009 | −0.46 | −0.15 | −2.16 |
| 2010-2014 | +0.04 | +0.45 | −1.57 |
| 2015-2019 | +0.08 | +0.39 | −0.75 |
| 2020-2025 | −0.24 | +0.15 | −1.29 |
Leído en bloque, el dominicano transitó peor que la liga durante veinte años y llegó a la paridad alrededor de 2010. Pero el promedio esconde dos poblaciones distintas.
El que va por su tercera temporada o más transita mejor que la liga desde 2010. Y no en una columna sola: ve más conteos a favor y menos en contra al mismo tiempo.
El que está en su primera o segunda temporada transita peor que la liga en las siete épocas, sin una sola excepción. Es la brecha más constante de todo este trabajo.
Lo que estos números no dicen es por qué. Caben dos explicaciones y los datos no las separan. Puede que el dominicano llegue agresivo y ajuste en dos o tres temporadas. O puede que el que llega agresivo y no ajusta no dure hasta la tercera, y entonces el grupo de tres temporadas o más se vea mejor sin que nadie haya cambiado nada. Distinguir una cosa de la otra exige seguir a los mismos peloteros de una etapa a la otra, y eso es otro trabajo.
Disciplina no es paciencia
Mire la columna de Swing y la conversación cambia.
De los 90, el que más le tiró a la pelota fue Vladimir Guerrero: 57.9% de todos los lanzamientos que recibió, y aun así se ponchó en apenas el 10.9% de sus turnos. Quedó en el puesto 28 de 90. El que menos le tiró fue Luis Castillo, con 36.8%, y quedó noveno. Los dos extremos del hábito, los dos en la mitad buena de la tabla.
Al otro lado, Miguel Sanó le tiró al 44.2%, menos que Manny Machado y menos que Adrian Beltré, y quedó 89 de 90.
Cuando el número se separa en sus dos componentes —lo que cada uno ganó dejando pasar y lo que ganó atacando— los 90 se parecen bastante en el primero. La separación de verdad aparece en el segundo: la distancia entre el mejor y el peor atacando es casi el doble que la distancia entre el mejor y el peor dejando pasar.
Y en esa segunda mitad, el mejor y el peor le tiran a casi la misma cantidad de lanzamientos: Plácido Polanco al 45.1% y Miguel Sanó al 44.2%. Nueve décimas de diferencia, y están en los dos extremos de la columna. Lo que los separa está en otro lado: Polanco se ponchó en el 6.8% de sus turnos y Sanó en el 36.5%.
Lo que dicen los números
Tres cosas quedan de todo lo anterior.
El conteo cambia el precio del strike. Un strike en 3-2 cuesta siete veces y media lo que cuesta un strike en el primer lanzamiento. Y el que va adelante no solo paga más barato: le cruzan la zona el 45.8% de los lanzamientos, contra el 32.3% del que va atrás. Todo lo demás se construye sobre esa asimetría.
Decidir bien y batear bien son dos habilidades distintas. Juan Soto encabeza las dos listas y es la excepción, no la regla: de los 90, 38 quedan arriba en una y abajo en la otra. Julio Rodríguez y Juan Lagares deciden prácticamente igual y batean con 129 y 79 de wRC+.
Disciplina no es paciencia. Ahí caen los dos elogios del colmadón, y ninguno de los dos mide esto: Vladimir Guerrero le tiró a más lanzamientos que ningún otro de la lista y está en Cooperstown; Juan Soto le tiró a menos que todos salvo uno y quedó primero en esta tabla. Lo que separa a un bateador de otro no es cuánto deja pasar, sino cuántas veces le tira en balde.
Si esto fuera música, Juan Soto sería el que lee la partitura y toca todas las notas, el virtuoso. Julio Rodríguez, el que nunca aprendió a leerla, toca de oído y suena. Miguel Sanó, el que se la estudió entera y falla las notas. Y Juan Lagares, el que ni la lee ni la saca de oído.
Fuentes
- Retrosheet — secuencias de lanzamiento y eventos de juego, 1989-2015.
- Baseball Savant / Statcast — registro lanzamiento por lanzamiento, 2008-2025.
- Ryan Yee y Sameer K. Deshpande, Evaluating plate discipline in Major League Baseball with Bayesian Additive Regression Trees (2023). https://arxiv.org/abs/2305.05752
Notas
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Baseball-Reference y FanGraphs le acreditan 688 bases por bolas intencionales, pero ese es el total de su carrera, que empieza en 1986. Sus tres primeras temporadas suman 19 (2 en 1986, 3 en 1987 y 14 en 1988). Las 669 restantes caen dentro de la ventana de este estudio.
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