Un cafecito: lo difícil que es llegar, y lo poco que dura el que llega
A Lariel González le alcanzó para tres bateadores; a Pedro Santana, para atrapar un elevadito. Uno de cada quince dominicanos que empiezan a jugar profesionalmente llega, y la mitad no pasa de 97 juegos.
Los norteamericanos le dicen cup of coffee: el pelotero estuvo arriba el tiempo justo para tomarse un café. Un cafecito. La expresión se usa para el que llegó a Grandes Ligas, entró a un juego o a dos, volvió a las menores y ya no regresó. Su ficha de por vida cabe en una línea.
Cómo se mide una carrera corta
Aquí hay que decidir qué se está contando, porque no es lo mismo para un lanzador que para un bateador.
Para un lanzador la unidad natural es el bateador enfrentado. Las entradas lanzadas engañan: dos tercios de entrada pueden ser dos hombres o pueden ser siete. Lo que mide de verdad cuánto trabajo hizo un lanzador es a cuántos se paró a enfrentar.
Para un jugador de posición la cosa es más sutil. La medida obvia sería la aparición al plato, pero un pelotero puede aparecer en un juego de Grandes Ligas sin llegar nunca al cajón de bateo: entra a defender en el octavo, o entra de corredor emergente y la entrada se acaba con él parado en una base. Su nombre está en el boxscore del juego, jugó en Grandes Ligas, y su renglón ofensivo está en blanco.
Por eso las dos listas de abajo cuentan como aparición las tres maneras de estar en un juego —al bate, en las bases y en el terreno—, y no solo la primera.
Una advertencia: las listas no incluyen a los peloteros que debutaron en 2025 ni en 2026, porque una carrera tan reciente todavía puede alargarse
Los lanzadores
Cinco dominicanos, y ninguno pasó de siete bateadores.
Lariel González tiene la carrera más corta, y está solo ahí: ningún otro dominicano terminó su carrera después de enfrentar apenas tres bateadores. Nacido en San Cristóbal en 1976 y firmado en mayo de 1993, subió a la lomita el 22 de septiembre de 1998 con los Rockies de Colorado, en la alta de la novena de un juego que su equipo perdía 8-6 ante Arizona. Retiró a Brent Brede con un elevado, a David Dellucci con un roletazo y a Jay Bell con otro roletazo. Una entrada perfecta. No volvió a lanzar en Grandes Ligas: pasó 1999, 2000 y 2001 entre Doble-A y Triple-A y ahí terminó. En 1997, con Salem en Clase A avanzada, había ponchado a 79 en 57 entradas con efectividad de 2.53.
Anderson García es el que se topó con la mejor compañía. El 7 de julio de 2007, con los Filis de Filadelfia, entró en la baja del séptimo en Colorado con el juego 5-3 en contra. Su carrera entera fueron cuatro bateadores: Matt Holliday, elevado al central; Todd Helton, sencillo al izquierdo; Garrett Atkins, elevado al izquierdo; Troy Tulowitzki, sencillo al derecho. Helton entró al Salón de la Fama en 2024. Holliday cerró esa temporada bateando .340 para liderar la Liga Nacional, con 36 jonrones y 137 empujadas, y quedó segundo en la votación del Jugador Más Valioso. Y Tulowitzki, en su temporada de novato, perdió la votación del Novato del Año por dos puntos ante Ryan Braun. García salió con dos hits permitidos y una carrera limpia. Llevaba seis años en menores; siguió uno más. De los cuatro hombres que enfrentó en Grandes Ligas, uno está en el Salón de la Fama, otro fue el campeón de bateo de la liga ese año y otro perdió la votación del Novato del Año por dos puntos: una historia para contarle a los nietos.
Melvin Mercedes tuvo el mejor día de los cinco. El 15 de agosto de 2014, con los Tigres de Detroit ante Seattle, lanzó el séptimo y el octavo: seis bateadores, seis outs, ningún hit, dos ponches. Retiró en orden a Austin Jackson, Dustin Ackley y Robinson Canó en el séptimo, y a Kendrys Morales, Kyle Seager y Mike Zunino en el octavo, los dos últimos por la vía del ponche. Dos entradas perfectas y nunca más. Mercedes, de El Seibo, había firmado en 2008; el año anterior había tirado 28 entradas con efectividad de 0.96 en Clase A avanzada. Después lanzó en la Liga Mexicana y en el invierno venezolano en 2016, y cerró su carrera en 2017 con siete juegos para el York Revolution de la Liga del Atlántico, independiente.
Brailyn Márquez vivió el reverso exacto. El 27 de septiembre de 2020, último día de aquella temporada corta, los Cachorros de Chicago perdían 10-1 en la casa de los Medias Blancas y le dieron la baja del octavo a su prospecto zurdo de 21 años, de Santo Domingo. Boleto a Tim Anderson. Boleto a Yoán Moncada. Lanzamiento descontrolado que movió a los dos. Roletazo de Yasmani Grandal que empujó una. Y entonces, con un out, ponchó a José Abreu, el hombre que seis semanas después sería nombrado Jugador Más Valioso de la Liga Americana de esa temporada. Después vino boleto a Edwin Encarnación, sencillo de Luis Robert que empujó dos, otro lanzamiento descontrolado y doble de Nomar Mazara —el mismo del batazo de 505 pies— que empujó la quinta. Siete bateadores, dos outs, cinco carreras. Y treinta y tres lanzamientos, que son su carrera entera en Grandes Ligas. Parece que las lesiones le cerraron el camino de vuelta: de 2021 a 2025 solo lanzó 23 entradas en menores, con 34 boletos.
Adonis Rosa cierra la lista. De Santiago, firmado a los 19, llegó con los Yankees de Nueva York el 13 de agosto de 2019 y le dieron la octava entrada ante Baltimore. Ponchó a Rio Ruiz con una recta, sacó a Jonathan Villar con roletazo al intermedista y a Trey Mancini con elevado al derecho: entrada perfecta. Volvió para la novena. Anthony Santander roleteó a primera y Rosa corrió a cubrir la almohadilla para recibir el tiro de DJ LeMahieu —la única pelota que tocó en el terreno en toda su carrera—. Renato Núñez le sacó una recta del parque, el jonrón 26 de su temporada. Y el último lanzamiento que tiró en Grandes Ligas fue un slider abajo al que Hanser Alberto le hizo swing en blanco. Treinta y dos lanzamientos, siete bateadores, dos entradas, y ahí terminó.
De los cinco, tres tuvieron un día limpio o casi limpio —González perfecto, Mercedes perfecto, Rosa con un hit en dos entradas— y aun así no hubo segunda oportunidad
Los jugadores de posición
Aquí aparece el caso extremo. Dos dominicanos, exactamente dos, terminaron su carrera en Grandes Ligas sin una sola aparición al plato.
Pedro Santana es el primero. Los Tigres de Detroit lo subieron el 13 de julio de 2001, cuando pusieron al antesalista Dean Palmer en la lista de lesionados. El 16 de julio, en Cincinnati, con el juego 9-1 en contra, entró en la baja del octavo a jugar la segunda base en lugar de Damion Easley. La entrada tuvo tres jugadas: roletazo de Alex Ochoa al campocorto, elevado de Kelly Stinnett al central y un elevadito al cuadro de Juan Castro que cayó en el guante de Santana. Ese es el registro completo de su carrera en Grandes Ligas: un out. El 18 de julio lo devolvieron a las menores para activar al campocorto Deivi Cruz y no volvió a subir. Había firmado en julio de 1994, siete años antes. En 1999, con Jacksonville en Doble-A, bateó .279 con 35 dobles y 34 bases robadas.
José Rodríguez, a quien le dicen Popeye, hizo algo todavía más raro: anotó una carrera sin batear nunca. El 20 de junio de 2023 los Medias Blancas de Chicago perdían 6-4 ante Texas en la baja del octavo. Rodríguez entró de corredor emergente en primera, avanzó a segunda con un roletazo de Tim Anderson y anotó con un sencillo de Elvis Andrus. Después salió a jugar la segunda base en la novena, donde el tercer out fue un roletazo que él mismo tiró a primera. Cero turnos al bate, una carrera anotada, un juego. En toda su carrera no le tiraron un solo lanzamiento. A Popeye se le acabaron las espinacas antes de llegar al plato. Nacido en Esperanza en 2001 y firmado a los 16, se había robado 40 bases en Doble-A el año anterior. En 2025 pasó por tres niveles de la organización de los Filis de Filadelfia y por la liga invernal dominicana con las Águilas Cibaeñas; en 2026 juega en la Liga Mexicana, con los Tecolotes de los Dos Laredos.
De ahí en adelante la lista se ordena por apariciones al plato.
Audry Pérez, receptor oriundo de Palenque, jugó tres juegos con los Cardenales de San Luis entre septiembre de 2013 y julio de 2014 y llegó al plato dos veces. Una fue el 10 de julio de 2014, en la baja de la novena ante Pittsburgh con el juego 9-1 en contra: le sacó boleto a Edinson Vólquez y lo borraron enseguida, forzado en segunda en la doble matanza que produjo el roletazo de Jhonny Peralta. La otra terminó en out. Cero hits de por vida. Siguió jugando en menores hasta 2018.
Andrés Santana es el que más juegos acumuló de todos —seis— y aun así solo tomó dos turnos. La explicación está en las menores: en 1988, con Clinton en Clase A, se robó 88 bases; en 1991, en Triple-A, bateó .316 con 45 robadas. Los Gigantes de San Francisco lo subieron en septiembre de 1990 por lo que sabía hacer, que era correr. Debutó el 16 de septiembre en Houston entrando de corredor emergente en primera; llegó a tercera con un doble de Kevin Mitchell y ahí se quedó, hasta que un roletazo de Gary Carter lo forzó en home. En su último juego, el 3 de octubre ante Atlanta, jugó campocorto y tomó sus dos únicos turnos: en el segundo, un roletazo forzado en segunda que empujó una carrera; en el cuarto, un elevado al central. Terminó con cero hits, cero bases robadas, cero carreras anotadas y una empujada.
Orelvis Martínez es el más reciente. Bateador de poder —30 jonrones en Doble-A en 2022, 28 el año anterior entre dos niveles de Clase A—, debutó con los Azulejos de Toronto el 21 de junio de 2024 en Cleveland, jugando la segunda base. Se ponchó ante Carlos Carrasco en el tercero. En el sexto conectó un sencillo al central, su único hit en Grandes Ligas, y todavía estaba en segunda cuando Vladimir Guerrero Jr. se elevó al izquierdo. En el octavo roleteó al antesalista ante Pedro Ávila. Antes, en la baja del segundo, había cometido un error con un roletazo de Andrés Giménez. Un hit, un error, tres turnos. Dos días después Grandes Ligas lo suspendió 80 juegos por dar positivo en una prueba antidopaje; él lo atribuyó a un tratamiento de fertilidad. No ha vuelto a subir. Pasó 2025 en Triple-A con Buffalo, donde bateó .176 con 13 jonrones en 99 juegos; en septiembre firmó un contrato de ligas menores con los Nacionales de Washington que llegaba hasta 2026, y el 21 de marzo, antes de que empezara la temporada, lo dejaron libre. No registra juegos en 2026.
Llegar ya es una hazaña
El cafecito no es un fracaso. Es lo contrario: de todos los que empiezan, la enorme mayoría no llega a servirse ni esa taza.
Entre 2006 y 2016, 5,359 dominicanos nacidos en el país jugaron su primera temporada como profesionales, casi todos en la liga de verano que los equipos sostienen en la isla. De esos, 356 llegaron a Grandes Ligas. Uno de cada quince. Los otros catorce se quedaron en el camino sin llegar ni al cafecito.
Se empieza en 2006 porque es a partir de ahí que tenemos datos de la liga de verano dominicana: antes de esa fecha solo aparecen los peloteros que ya habían llegado a jugar en Estados Unidos, o sea gente que había pasado varios cortes. Y se cierra en 2016 porque a las camadas más recientes todavía les falta gente por debutar.
Todas las cifras que siguen están cerradas a finales de 2025. No entran las firmas internacionales de 2026, ni el draft de ese año, ni las estadísticas de la temporada en curso.
Midiendo los años entre la firma y el debut de los dominicanos que firmaron entre 1988 y 2010 y llegaron, a los cuatro años había llegado apenas el 16%; a los cinco, el 38%; a los seis, el 61%; a los siete, el 80%. A los nueve años ya ha llegado el 95% de los que van a llegar, y el que más esperó tardó trece. Por eso una camada de 2016 se puede juzgar y una de 2021 no.
Esa curva también dice algo del oficio: más de la mitad de los que llegan tarda seis años o más, y uno de cada cinco pasa de siete. Los diez de este artículo esperaron entre cuatro años y medio y algo más de siete; cuatro de ellos pasaron de seis. Pedro Santana firmó en julio de 1994 y debutó en julio de 2001: 2,571 días. Melvin Mercedes esperó 2,355. Anderson García, 2,264.
Siete años que no se pasaban cómodos. Hasta 2023, un pelotero de nivel rookie en Estados Unidos ganaba 4,800 dólares por temporada y uno de Doble-A 13,800, cobraba solo los meses en que se jugaba y pagaba de su bolsillo dónde vivir. El convenio colectivo firmado ese año puso una escala semanal por nivel, que para 2026 va de 710 dólares en rookie a 1,250 en Triple-A, con pago casi todo el año, vivienda amueblada sin costo y dos comidas diarias. El mismo convenio le dio a Grandes Ligas la opción de recortar las plantillas, y en 2024 la usó: de 180 jugadores por organización se bajó a 165, unas 450 plazas menos en todo el sistema. Mejores condiciones para menos gente.
La liga de verano dominicana quedó fuera de las dos cosas. El convenio excluye expresamente a los peloteros asignados a una liga situada por completo fuera de Estados Unidos y Canadá, nombra a la liga dominicana como el caso, y los llama Non-Unit Players: el contrato uniforme no los cubre hasta el día en que los suben a un roster en Estados Unidos. El recorte de plazas tampoco los alcanzó, porque no cuentan en esa lista. Cuando se firmó el acuerdo, el mínimo de la liga dominicana era de 3,000 dólares por temporada: menos de los 4,800 que ganaba entonces un pelotero de nivel rookie en Estados Unidos, y ese ya subió a 710 semanales.
Llegar tampoco significa quedarse
De los 586 dominicanos nacidos en el país que firmaron entre 1988 y 2012 y llegaron a Grandes Ligas, la mitad no pasó de 97 juegos en toda su carrera. Uno de cada cuatro no llegó a 25. El promedio del grupo es de 302 juegos, tres veces la mediana, porque lo levantan unos pocos con carreras largas.
Seis de cada diez de ellos nunca acumularon 162 juegos, repartidos a lo largo de toda la carrera. Cuatro de cada cinco no llegaron a 500. Solo 46 pasaron de mil: uno de cada trece de los que subieron.
Esos juegos vienen repartidos en el tiempo. La mitad de los 586 duró cinco temporadas o menos entre su debut y su último juego; casi el treinta por ciento no pasó de dos, y ochenta y cuatro —uno de cada siete— jugaron una sola. Las dos medianas juntas dan la forma de la carrera: noventa y siete juegos y cinco temporadas. Unos veinte juegos por año. La carrera corta no suele ser un golpe seco, sino cinco años subiendo y bajando.
El embudo dominicano
Ese cafecito está al final de un embudo que empieza mucho antes de Grandes Ligas. De los 4,823 dominicanos que empezaron su carrera profesional en la liga de verano dominicana entre 2006 y 2016, 2,344 —casi la mitad— nunca llegaron a jugar un solo juego en Estados Unidos. Se les acabó ahí mismo, en su país, sin salir nunca. Los que no pasaron duraron una mediana de dos temporadas. Y del total, 256 llegaron a Grandes Ligas: el 5.3%. La DSL no es solo la liga donde se empieza; es el primer corte, y el más grande de todos.
Y hay una señal que llega antes que todo eso: a quién no mandan a la DSL. Entre 2007 y 2016 —2006 queda fuera de esta cuenta porque a esa primera camada le faltan registros de la liga de verano—, unos trescientos cincuenta dominicanos empezaron su carrera profesional directamente en las ligas de complejo de Estados Unidos, saltándose la liga de verano. No eran mayores —promediaban diecinueve años, apenas medio año más que los que se quedaron— ni entraron por el draft: los firmaron a los dieciséis, igual que a los demás. La diferencia es que el equipo decidió montarlos en un avión. De esos llegó a Grandes Ligas casi el veinte por ciento; de los que empezaron aquí, el cinco. Buena parte de la apuesta estaba hecha antes del primer juego.
Ese embudo no funciona igual en todas partes, y la comparación con otros países es la que explica el mecanismo. Desde 1990, los peloteros de Puerto Rico y de Canadá entran al beisbol profesional por el draft de aficionados, igual que los estadounidenses. Los del resto del mundo —dominicanos, venezolanos, colombianos, panameños, mexicanos— siguen siendo agentes libres internacionales: firman al cumplir 16 años con el equipo que los quiera. Son dos maneras distintas de llenar la misma fila, y dan resultados distintos. Esto es lo que pasó con los que empezaron a jugar profesionalmente entre 2006 y 2016. Las camadas se agrupan por la primera temporada como profesional, no por el debut: los que llegaron subieron entre 2009 y 2025, seis años después en promedio
| Peloteros que empezaron a jugar profesionalmente entre 2006 y 2016 | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| País | Empezaron | Llegaron a Grandes Ligas | Tasa de llegada | Pasaron de 162 juegos | Pasaron de 500 juegos |
| Cuba | 191 | 35 | 18.32% | 40.0% | 31.4% |
| Estados Unidos | 11,242 | 1,972 | 17.54% | 40.9% | 13.7% |
| Puerto Rico | 310 | 48 | 15.48% | 47.9% | 20.8% |
| Canadá | 224 | 26 | 11.61% | 42.3% | 23.1% |
| Colombia | 194 | 19 | 9.79% | 31.6% | 15.8% |
| Venezuela | 2,562 | 197 | 7.69% | 42.6% | 18.3% |
| Panamá | 259 | 18 | 6.95% | 38.9% | 11.1% |
| República Dominicana | 5,359 | 356 | 6.64% | 35.4% | 11.5% |
| México | 896 | 33 | 3.68% | 36.4% | 9.1% |
Las dos últimas columnas son porcentajes de los que llegaron a Grandes Ligas, no de los que empezaron. Además, son camadas recientes, con carreras todavía abiertas, por lo que esas cifras se quedan cortas frente a las del grupo de 1988-2012. Valen para comparar un país con otro, que es para lo que están.
Cuba encabeza la tabla pero ese caso no es comparable: el cubano que firma suele ser un profesional hecho que salió de la isla, no un adolescente. Descontándolo, los dos territorios que entraron al draft en 1990 quedan del mismo lado de la raya, y la República Dominicana aparece penúltima en las dos primeras columnas: en tasa de llegada y en la proporción de los que llegan y alcanzan 162 juegos.
Hay un renglón que la tabla no muestra: de los 48 puertorriqueños de esas camadas, ninguno terminó con una carrera de un solo juego.
De cada 31 puertorriqueños que empiezan a jugar profesionalmente, uno termina jugando al menos 500 juegos en Grandes Ligas. Entre los dominicanos, hace falta empezar con 131 para obtener uno.
Esto no mide talento. Mide filtro. Al puertorriqueño lo draftean al salir de la secundaria, después de que alguien ya descartó a los que no iban a servir; al dominicano lo firman a los 16, cuando todavía hay mucha más incertidumbre sobre lo que llegará a ser. Y ahí está la otra cara de la cuenta: con ese modelo la República Dominicana metió 5,359 muchachos en el sistema y sacó 356 grandeligas; Puerto Rico metió 310 y sacó 48. Más de siete veces la cantidad de peloteros de Grandes Ligas, y diecinueve veces más muchachos que no llegaron.
Pero el filtro no lo explica todo, y conviene decirlo. Venezuela firma igual que República Dominicana —agentes libres internacionales a los 16 años, sin draft de por medio— y aun así le gana en las tres columnas: llega más, 7.69% contra 6.64%, y de los que llegan, más pasan de 162 juegos, 42.6% contra 35.4%, y más pasan de 500, 18.3% contra 11.5%. Ahí no hay draft que valga.
Antes de que alguien saque la conclusión fácil, vale la pena mirar cómo se arma ese porcentaje. La tasa de llegada es una división: los que llegan, entre los que firmaron. El denominador pesa tanto como el numerador. Y en las mismas camadas los equipos firmaron en el país más del doble de muchachos que en Venezuela: 5,359 contra 2,562. Firmar el doble de muchachos no es lo mismo que encontrar el doble de talento: es abrir la puerta más ancha. A esa escala entran también los que apenas asoman, los que están a tres años de estar listos, los que se firman baratos por si acaso. Cada uno de ellos cuenta en el denominador igual que el del bono millonario, y baja el porcentaje sin que nadie haya jugado peor.
Es la diferencia entre una escuela que acepta a todo el que toca la puerta y otra que acepta a uno de cada dos. La segunda va a graduar un porcentaje más alto. No porque enseñe mejor ni porque sus estudiantes sean más inteligentes, sino porque descartó antes de empezar a contar. En esa comparación, República Dominicana se parece mucho más a la escuela que abre la puerta de entrada. Por eso su tasa sale más baja.
Lo que pierde en porcentaje lo gana en cantidad: de esas camadas República Dominicana sacó 356 grandeligas y Venezuela 197, un 81% más. El porcentaje venezolano es mejor; el número dominicano es mayor. Son dos preguntas distintas y la tabla solo contesta la primera.
La fila se alarga y la puerta se estrecha
En enero de 2016 cerró la Liga de Verano de Venezuela, después de diecinueve temporadas. Había llegado a tener once filiales de Grandes Ligas en 2007; para 2015 le quedaban cuatro, y cuando solo tres clubes anunciaron equipo para 2016, Minor League Baseball suspendió las operaciones. Las razones fueron la salida gradual de los equipos y lo que estaba pasando en el país: la devaluación de 2013, la recesión de 2014, la inseguridad y los requisitos de visa. Grandes Ligas dijo entonces que los clubes que estaban ahí pondrían un equipo adicional en la liga dominicana o en la de la Costa del Golfo. Desde ese año los venezolanos entran por la misma puerta que los dominicanos.
Se nota sobre todo en la liga dominicana, que es donde caen. En 2006 la DSL era dominicana en un 77%: 811 de sus 1,051 peloteros. Los venezolanos eran 172. En 2015, el último verano de la liga venezolana, había 819 dominicanos y ya 333 venezolanos. En 2016, el año del cierre, los venezolanos saltaron a 468 —135 más en una sola temporada, un 41% de aumento— y los dominicanos se quedaron en 822.
De ahí no ha parado. En 2022 los dominicanos dejaron de ser mayoría en su propia liga de verano por primera vez: cerraron ese año en 49.6%, con los venezolanos en 36.2%. En 2025 bajaron a 46.4% y los venezolanos subieron a 37.8%.
Lo más revelador es lo que no cambió. En veinte años los dominicanos en la DSL pasaron de 811 a 826: quince peloteros. La liga entera creció 69% en ese tiempo, de 1,051 a 1,780, y todo ese crecimiento vino de afuera: los venezolanos se multiplicaron por cuatro.
Tampoco vienen a hacer bulto. En las camadas de 2006 a 2016 los venezolanos llegaron a Grandes Ligas en una proporción parecida a la nuestra —7.7% contra 6.6%—, o sea que compiten de igual a igual por las mismas plazas.
Las camadas que empezaron después de 2016 no están cerradas, pero ya se les ve la forma. Las de 2017, 2018 y 2019 suman 1,619 peloteros; hasta ahora han llegado 62 a Grandes Ligas. Aplicándoles la curva de espera —a la de 2017 le falta poca gente por debutar, a la de 2019 le falta más de un tercio—, las tres apuntan a terminar cerca del 5%, por debajo del 6.6% de las camadas anteriores. Son tres camadas y una proyección, así que conviene mirarlas sin sacar conclusiones todavía.
En el medio hay un hueco: no existe camada de 2020. Minor League Baseball canceló la temporada completa el 30 de junio de ese año por la pandemia y la liga de verano dominicana no se jugó, así que ningún pelotero de la isla tuvo su primera temporada profesional en 2020. La camada de 2021 es la más numerosa de todas —729— porque absorbió el atraso. Y la de 2019, que es la que proyecta más bajo de las tres, es la que perdió su segunda temporada en pleno desarrollo.
Del otro lado pasó lo contrario. El recorte de 2024 dejó 450 plazas menos en los rosters de Estados Unidos, y esas plazas son la puerta: el roster del complejo dominicano no cuenta contra ese tope, pero tampoco es ilimitado, y de todos modos para seguir subiendo hay que ocupar una de las que se recortaron.
Más gente empujando y menos puertas. Tres camadas y una proyección no alcanzan para afirmarlo con los datos cerrados, pero todo apunta a que llegar a Grandes Ligas se está poniendo más difícil.
Volver al cafecito
El muchacho que está ahora mismo empezando su primera temporada en la DSL está jugando, sin saberlo, después de una primera decisión que ya se tomó sin él: a otros los montaron directamente en el avión. Eso ocurrió antes de que unos y otros jugaran su primer juego profesional, y a los que montaron les fue cuatro veces mejor. Casi la mitad de los que están con él no va a pisar nunca un terreno en Estados Unidos. De los que empiezan en la DSL, como él, llega uno de cada veinte; contando también a los que arrancan directo en Estados Unidos, uno de cada quince. Y de los que llegan, la mitad no pasa de noventa y siete juegos.
Por eso el cafecito no es un chiste. Es el final de una fila que empezó a filtrar antes de que él tocara un bate. Llegar hasta la taza —aunque sea para tres bateadores, aunque sea para atrapar un elevadito— ya lo pone entre los poquísimos que quedaron de pie.
Fuentes
- "Ryan Braun narrowly wins NL Jackie Robinson Rookie of the Year" (Braun 128 puntos, Tulowitzki 126, la votación más cerrada de la Liga Nacional desde 1980), BBWAA, noviembre de 2007. Enlace
- "MLB amateur draft" (desde 1990 el draft incluye a los jugadores de Puerto Rico y Canadá; los del resto del mundo siguen siendo agentes libres internacionales y pueden firmar al cumplir 16 años), BR Bullpen. Enlace
- "Cup of coffee (sports idiom)", Wikipedia (origen y uso de la expresión). Enlace
- Danny Wild, "Venezuelan Summer League closes doors" (el cierre de la liga en enero de 2016 tras diecinueve temporadas, sus once filiales en 2007, las razones del cierre y el traslado de los equipos a la Liga de Verano Dominicana y a la de la Costa del Golfo), MiLB.com, 21 de enero de 2016. Enlace
- "2020 Minor League Baseball Season Cancelled", MiLB.com, 30 de junio de 2020. Enlace
- Nathanael Pérez Neró, "MLB aprueba hasta cuadruplicar salarios en ligas menores" (salarios por nivel antes y después del convenio, y la garantía de habitación propia en Doble-A y Triple-A), Diario Libre, 4 de abril de 2023. Enlace
- Nathanael Pérez Neró, "La mejora salarial en las ligas menores no llegará a la DSL" (la exclusión de la liga de verano dominicana del convenio y su mínimo de 3,000 dólares), Diario Libre, 17 de abril de 2023. Enlace
- 2023-2027 Minor League Basic Agreement, vigente desde el 30 de marzo de 2023 (fuente primaria): el preámbulo y el Artículo III excluyen del acuerdo a los asignados a una liga situada por completo fuera de Estados Unidos y Canadá, nombran la liga de verano dominicana y definen la categoría de Non-Unit Player; el Artículo VII trae la escala semanal de salarios por nivel y por año; el Artículo IX fija el tope de la lista doméstica y la reducción máxima de 15 plazas.
- J.J. Cooper, "New 165-Player Minor League Roster Limit Creates Consternation For Farm Directors" (Grandes Ligas ejerció la opción en 2024: 450 plazas menos, sin incluir a los peloteros de la liga de verano dominicana), Baseball America, 21 de febrero de 2024. Enlace
- J.J. Cooper, "MLB, Minor League Players Reach Deal On First MiLB CBA" (salarios por nivel, duración del acuerdo, la reducción de rosters de 180 a 165 y la aclaración de que solo aplica a los equipos en Estados Unidos), Baseball America, 29 de marzo de 2023. Enlace
- J.J. Cooper, "How Much Are Minor League Baseball Players Paid In 2026?" (mínimos semanales vigentes por nivel, vivienda y comidas, y la exclusión del pelotero de la DSL del contrato uniforme hasta que llega a Estados Unidos), Baseball America, 2 de abril de 2026. Enlace
- R.J. Anderson y Dayn Perry, "Minor league baseball players ratify historic first CBA" (salarios mínimos por nivel, pago casi todo el año, vivienda y duración del acuerdo), CBS Sports, 31 de marzo de 2023. Enlace
- Héctor Gómez, "La dura realidad de los salarios de los peloteros en las ligas menores" (los peloteros pagan su propio alojamiento y cobran solo los meses de temporada), Z101 Digital, 19 de marzo de 2020. Enlace
- Retrosheet, event files de temporada regular y postemporada (jugada por jugada y registros de sustitución de cada juego citado). Enlace
- Fechas de firma y de debut, cifras de ligas menores y datos de Statcast lanzamiento por lanzamiento: base de datos propia.
- Caja del juego Arizona-Colorado del 22 de septiembre de 1998, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Filadelfia-Colorado del 7 de julio de 2007, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Seattle-Detroit del 15 de agosto de 2014, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Cachorros-Medias Blancas del 27 de septiembre de 2020, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Detroit-Cincinnati del 16 de julio de 2001, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Texas-Medias Blancas del 20 de junio de 2023, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Pittsburgh-San Luis del 10 de julio de 2014, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego San Francisco-Houston del 16 de septiembre de 1990, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Atlanta-San Francisco del 3 de octubre de 1990, Baseball Reference. Enlace
- Caja del juego Toronto-Cleveland del 21 de junio de 2024, Baseball Reference. Enlace
- Fichas individuales de Lariel González, Anderson García, Melvin Mercedes, Brailyn Márquez, Adonis Rosa, Pedro Santana, José Rodríguez, Audry Pérez, Andrés Santana y Orelvis Martínez, Baseball Reference. Enlace
- Ficha de Todd Helton, exaltado al Salón de la Fama en 2024, Baseball Reference. Enlace
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