Win Expectancy y WPA: la probabilidad de ganar, momento a momento
La RE24 mide, en carreras, cuánto vale cada jugada. El Win Expectancy da el paso siguiente: la probabilidad de ganar el partido, sacada de miles de juegos reales. De él nace el WPA, que mide cuánto mueve cada jugada esa probabilidad y detecta los momentos más memorables del béisbol.
Cualquiera que haya visto un juego sabe leer la tensión sin números. El equipo local abajo por una carrera en el cierre del noveno, dos outs y nadie en base: el estadio entero entiende que la cosa está casi perdida. Casi. El Win Expectancy —expectativa de victoria— le pone cifra a esa corazonada. En esa situación exacta, entre 2023 y 2025, el equipo local terminó ganando apenas el 4.1% de las veces. No es un pálpito ni una opinión: es la cuenta de lo que de verdad pasó, una y otra vez, cada vez que un equipo estuvo en esa misma situación.
En el artículo sobre la RE24 vimos que, en cualquier instante de una entrada, la ofensiva tiene una expectativa de carreras: un promedio de cuántas anotará desde ese estado hasta el tercer out. El Win Expectancy cambia la pregunta. En vez de preguntar cuántas carreras se anotan desde aquí, pregunta con qué frecuencia se gana el juego desde aquí. Las dos se arman igual, contando lo que pasó en miles de juegos reales; lo que cambia es la vara con que se mide cada estado: la RE24 lo mide en carreras, el Win Expectancy en victorias.
Qué es, exactamente
El Win Expectancy es el porcentaje de veces que un equipo termina ganando, dado el estado del juego: el inning, la diferencia en el marcador, los outs y los corredores en base. Se calcula mirando hacia atrás. Se agarran todos los juegos de un período, se busca cada vez que alguien estuvo en ese mismo estado, y se cuenta qué fracción de esas veces ganó. Si el número da 30%, quiere decir que los equipos que pasaron por ahí ganaron el 30% de las veces; ni más ni menos.
Por eso conviene entender qué no es. No es una predicción sobre estos dos equipos en particular[1]la cuenta no sabe quién lanza, quién viene al bate ni cómo está de forma nadie. Solo conoce el estado del juego.
Los números del local
Un juego no arranca parejo: por el solo hecho de jugar en casa, el local empieza con la ventaja, y de ahí en adelante cada out, cada corredor y cada carrera mueven el número.
La tabla que sigue es del equipo local en las Grandes Ligas entre 2023 y 2025, y toma el momento en que sale a batear en el cierre de cada entrada —nadie en base, sin outs—: muestra qué tan probable es que gane según cómo esté el marcador:
| Cierre del inning | Abajo por 1 | Empatado | Arriba por 1 |
|---|---|---|---|
| 1° | 46.8% | 57.7% | 67.9% |
| 2° | 45.0% | 56.7% | 67.8% |
| 3° | 44.7% | 57.4% | 69.3% |
| 4° | 43.5% | 57.7% | 70.9% |
| 5° | 42.4% | 58.6% | 73.4% |
| 6° | 40.0% | 59.4% | 76.7% |
| 7° | 35.9% | 59.9% | 81.0% |
| 8° | 30.3% | 61.6% | 88.1% |
| 9° | 18.9% | 63.4% | — |
La tabla cuenta tres historias a la vez. La columna del empate casi no se mueve —ronda el 57% temprano y sube al 63.4% en el noveno—: esa subida lenta es el valor de batear de último, la ventaja de tener siempre la última palabra. La columna de abajo por una se derrumba, de 46.8% en el primero a 18.9% en el noveno, porque cada entrada que pasa es una entrada menos para remontar. Y la columna de arriba por una hace lo contrario: sube de 67.9% a 88.1% en el octavo, porque la misma ventaja pesa más cuanto menos juego queda por delante.
La casilla vacía del noveno no es un olvido. Si el local llega arriba por una al cierre del noveno, no hay cierre del noveno: el juego ya terminó, ya ganó. Por eso, de ese inning en adelante, no existe el estado "local bateando y arriba en el marcador". Esa casilla queda en blanco porque describe una mitad de inning que nunca ocurre.
Pitcheo o bateo: la era mueve el número
Esos porcentajes no están grabados en piedra: el ambiente de carreras de cada época los inclina un poco, y lo hace justo donde uno esperaría, en las remontadas. Basta comparar los dos extremos del béisbol moderno: la segunda mitad de los años sesenta, cuando anotar costaba muchísimo, y los años alrededor del 2000 —de 1999 a 2003—, cuando las carreras abundaban.
Cuando las carreras son baratas, ningún déficit es tan definitivo. El local abajo por una en el cierre del séptimo ganaba el 34.5% de las veces en la era del pitcheo, y el 38.1% en la del bateo —más de tres puntos de diferencia—; abajo por una en el noveno, sube de 18.2% a 20.3%. Del otro lado, cuando el local es el que va arriba, su ventaja aguanta un poco menos: una carrera de delantera en el cierre del octavo valía 88.7% en la era del pitcheo y 87.9% en la del bateo. El efecto es pequeño —de uno a cuatro puntos— pero sistemático: al local le sube más la probabilidad cuando va abajo de la que le baja cuando va arriba. Tiene sentido, porque yendo ganando ya lo protege la delantera, pero yendo perdiendo necesita anotar, y un ambiente de mucha ofensiva le da más oportunidades de hacerlo.
El corredor fantasma, en probabilidad de ganar
Desde 2020, y de forma permanente en la temporada regular desde 2023, las entradas extra empiezan con un corredor puesto en segunda: el corredor fantasma, una situación que el béisbol no genera por su cuenta y que la postemporada ni siquiera aplica. En el artículo de RE24 vimos lo que esa ventaja vale en carreras; el Win Expectancy la muestra en lo que de verdad decide el partido, la probabilidad de ganar.
Antes de la regla, una entrada extra arrancaba como cualquier otra, con las bases vacías. En 2017-2019, el local salía a batear en el cierre de un inning extra empatado con un 64.7% de probabilidad de ganar. Con el corredor fantasma, ese mismo instante arranca con un hombre en segunda, y la cuenta sube a 80.0% en 2023-2025: unos quince puntos de ventaja antes del primer lanzamiento, porque desde segunda muchas veces basta un sencillo para cerrar el juego. Pero la regla no favorece solo al local: pone el corredor para el que batea, en las dos mitades del inning. El visitante recibe el mismo trato al abrir arriba, y hasta salta un poco más —cerca de dieciocho puntos—, porque parte de más abajo.
El WPA: cuánto suma o resta cada jugada
Si el Win Expectancy es la foto del estado del juego, el Win Probability Added —WPA, la probabilidad de victoria agregada— es lo que cambia de una foto a la siguiente. Cada jugada mueve la probabilidad de ganar hacia arriba o hacia abajo, y ese salto es el WPA de la jugada: se le acredita al bateador y se le resta, en la misma cantidad, al lanzador que la permitió. Lo que uno gana el otro lo pierde; entre los dos suman cero. Y como el WPA no es más que la diferencia entre dos casillas de la tabla de arriba, se saca de la misma tabla del Win Expectancy: no hace falta nada nuevo, solo restar el estado en que quedó la jugada del estado en que empezó.
Como cada jugada tiene su salto, los saltos se suman. A lo largo de un partido cierran todos en una victoria —el 100%— o una derrota —el 0%—, repartida entre quienes la produjeron; y a lo largo de una temporada, el WPA de un jugador es la suma de cuánto movió, turno por turno, las probabilidades de su equipo. Por eso el WPA no mide talento en el vacío —de eso se encargan otras métricas—, sino quién hizo el daño cuando el partido estaba en juego: el que conecta el batazo que gana en el noveno acumula WPA a montones, y el que se poncha con la carrera del empate en tercera lo acumula en rojo.
Esa es la naturaleza del WPA: una estadística de relato. No dice qué tan bueno es un jugador en abstracto, sino cuánto pesó lo que hizo en el momento en que lo hizo. Un jonrón con el juego 8-0 mueve la aguja apenas; el mismo jonrón para ganar en el noveno la mueve entera. Esa diferencia —cuánto hay en juego en cada momento— tiene su propia medida, el índice de leverage, al que le dedicaremos un artículo aparte.
Momentos memorables
Ningún ejemplo lo muestra mejor que uno de los jonrones más recordados del béisbol. Serie Mundial de 1993, sexto juego, cierre del noveno: los Azulejos de Toronto —el equipo local— pierden 6-5, con un out y corredores en primera y segunda. En ese momento, Toronto tenía un 34% de probabilidad de ganar[2]Joe Carter conecta un jonrón de tres carreras y se acabó todo: Toronto gana 8-6 y, con él, la Serie Mundial. La probabilidad saltó de 34% a 100% de un solo swing: un WPA de 66 puntos en un solo batazo.
El "Shot Heard 'Round the World" de Bobby Thomson, en el desempate de la Liga Nacional de 1951, pesó todavía más. Los Gigantes —también locales— perdían 4-2 en el cierre del noveno, con un out y corredores en segunda y tercera; ahí tenían un 31% de probabilidad de ganar. Su jonrón de tres carreras cerró el juego 5-4, se llevó el pennant de la Liga Nacional y los mandó a la Serie Mundial, en un salto de 31% a 100%: un WPA de 69 puntos. Más que el de Carter, y por una razón simple: Thomson partía de más abajo —abajo por dos, no por una—, y mientras menor es la probabilidad de la que se sale, mayor es el vuelco que cabe en una sola jugada. Después de un walk-off no queda juego, así que ese salto es también el techo: no hay WPA más alto que el del batazo que lo gana todo de una vez.
Entre los dominicanos, los batazos de mayor WPA en la postemporada están casi empatados, y son tres. Dos salieron de la misma situación exacta. Francisco Cabrera bateó el suyo en el séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 1992, con los Bravos de Atlanta abajo 2-1 ante Pittsburgh, dos outs y las bases llenas en el cierre del noveno; su sencillo trajo a David Justice y a Sid Bream para ganar 3-2 y poner a Atlanta en la Serie Mundial. Treinta años después, Óscar González calcó la escena en el tercer juego de la Serie Divisional de 2022: los Guardianes de Cleveland abajo 5-4 ante los Yankees, dos outs y las bases llenas en el mismo cierre del noveno, y su sencillo al centro empujó las dos carreras que faltaban para ganar 6 por 5. Es, punto por punto, la misma jugada: el local salía de un apuro que su tabla de época pone alrededor del 25% de probabilidad de ganar, y cada sencillo la disparó a 100%. El tercero llegó por otro camino. En el quinto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 2005, con los Cardenales de San Luis abajo 2-4 ante Houston, dos outs y dos corredores en base en la apertura del noveno, Albert Pujols le conectó un jonrón de tres carreras a Brad Lidge que volteó el marcador a 5-4. No fue walk-off —los Astros todavía batearon en el cierre—, pero disparó a San Luis de un 7% a un 81% de probabilidad de ganar. Los tres batazos, cada uno medido con la tabla de su época, terminan virtualmente en empate: rondan 0.75 de una victoria, separados por milésimas[3]
Pero el WPA arma su propio ranking, y no siempre coincide con la memoria. Estos son los diez batazos de mayor WPA en la historia de la postemporada:
| # | Jugador | WPA | Serie |
|---|---|---|---|
| 1 | Yordan Álvarez | 0.910 | Serie Divisional AL 2022, Juego 1 |
| 2 | Kirk Gibson | 0.863 | Serie Mundial 1988, Juego 1 |
| 3 | Brett Phillips | 0.855 | Serie Mundial 2020, Juego 4 |
| 4 | Cookie Lavagetto | 0.824 | Serie Mundial 1947, Juego 4 |
| 5 | Jimmy Rollins | 0.800 | Serie de Campeonato NL 2009, Juego 4 |
| 6 | Dave Henderson | 0.748 | Serie de Campeonato AL 1986, Juego 5 |
| 7 | Óscar González | 0.747 | Serie Divisional AL 2022, Juego 3 |
| 8 | Francisco Cabrera | 0.745 | Serie de Campeonato NL 1992, Juego 7 |
| 9 | Albert Pujols | 0.745 | Serie de Campeonato NL 2005, Juego 5 |
| 10 | Freddie Freeman | 0.733 | Serie Mundial 2024, Juego 1 |
Ahí están los tres dominicanos que acabamos de ver, juntos en los puestos 7 a 9. Y va una advertencia: la lista está ordenada estrictamente por WPA —el tamaño del vuelco en la probabilidad de ganar—, no por lo que significó el batazo. Por eso sorprende que el jonrón de Joe Carter, que cerró la Serie Mundial de 1993 y que muchos pondrían de primero sin pensarlo, ni siquiera aparezca: queda en el puesto 18. Toronto ya llevaba un 34% de probabilidad de ganar cuando lo conectó, así que su batazo sumó 0.66; los de arriba salieron de situaciones casi perdidas, con la aguja mucho más abajo. Y el "Shot Heard 'Round the World" de Thomson, que vimos más arriba, ni siquiera entra en esta cuenta, por un motivo distinto.[4]
El WPA mide cuánto movió esa aguja en el momento, no cuánto pesó en la historia.
Los hijos: leverage, WPA/LI, clutch y cwPA
El WPA abrió toda una familia. El primero es el que ya asomó: el leverage index (LI), o índice de apalancamiento, que mide cuánta probabilidad de victoria hay en juego en un momento dado, comparado con una jugada promedio. El promedio vale 1; las bases llenas en el noveno de un juego cerrado pasan de 2 —alta tensión—, y un turno con el marcador 10-1 apenas roza el cero. El LI no juzga lo que pasó, sino cuánto se podía mover el partido justo ahí.
Con el LI en la mano se afinan las demás. El WPA/LI divide el WPA de cada jugada entre el leverage de su situación, para medir al jugador sin premiarlo ni castigarlo por haberle tocado momentos de mucha o poca presión: su aporte en limpio, al margen del guion. El clutch compara las dos caras —cuánto rindió en los momentos calientes frente a lo que rinde en general—. El cwPA (championship WPA) lleva la misma cuenta al nivel del título, midiendo cuánto mueve cada jugada la probabilidad de ganar la Serie Mundial, no solo el juego. Y el REW hace con la RE24 lo que el WPA hace con las carreras: la pasa a escala de victorias.
Conclusión
El Win Expectancy no mide talento, no pronostica el futuro ni reparte crédito por lo que un jugador es capaz de hacer; mide otra cosa, más simple y más cruda: dónde está el partido en este instante y con qué frecuencia, en la historia, se ganó desde ahí. Traduce el marcador, el inning y los corredores al único idioma que entiende el que mira el juego —qué tan cerca está su equipo de ganar— y, con el WPA, le pone número a cada evento. Es la herramienta que convierte una corazonada de bleachers en un dato: ese 4.1% del noveno con dos outs no dice que sea imposible, dice exactamente cuántas veces, contra viento y marea, alguien lo logró.
El Win Expectancy de este artículo corresponde al equipo local en las Grandes Ligas, bateando en el cierre de cada entrada, con datos de 2023 a 2025 salidos de SaberTables (sabertables.com); las comparaciones entre épocas y los WPA de los batazos dominicanos usan además los números de 1949-1951, 1965-1969, 1989-1992, 1991-1993, 1999-2003, 1999-2005 (tabla del visitante), 2017-2019 y 2021-2022; el ranking histórico de WPA de postemporada sale de la misma fuente. Los porcentajes se recalculan según el período y el ambiente de carreras
Fuentes
- "Win Expectancy (WE)", MLB.com Glossary. Enlace
- "Win Probability Added", Baseball Reference. Enlace
- "Win Expectancy, WPA, and Leverage Index", FanGraphs Library. Enlace
- "Leverage Index (LI)", FanGraphs Library. Enlace
- "Get to Know: Win Expectancy", FanGraphs. Enlace
- "The One About Win Probability", The Hardball Times. Enlace
- "Win Expectancy", Tangotiger Wiki. Enlace
- "Chapter 1: Toolshed" (Win Expectancy y Run Expectancy), Inside The Book. Enlace
- "Sabermetrics 101: The Game State", Lookout Landing. Enlace
- "Probabilities of Victory in Head-to-Head Team Matchups", SABR. Enlace
- "Explaining Win Expectancy, Win Probability, and Britton's great WPA", BaltimoreBaseball.com. Enlace
- "Moving from Run Expectancy to Win Expectancy", MLB Prediction Company. Enlace
- "How win expectancy lets you track each team's chances", CBS Sports. Enlace
- Caja del sexto juego de la Serie Mundial de 1993 (jonrón de Joe Carter), Baseball Reference. Enlace
- Caja del tercer juego del desempate de la Liga Nacional de 1951 (jonrón de Bobby Thomson), Baseball Reference. Enlace
- Caja del séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 1992 (sencillo de Francisco Cabrera), Baseball Reference. Enlace
- Caja del tercer juego de la Serie Divisional de la Liga Americana de 2022 (sencillo de Óscar González), Baseball Reference. Enlace
- Caja del quinto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 2005 (jonrón de Albert Pujols), Baseball Reference. Enlace
- "MLB ghost runner rule: League makes extra-innings change permanent for regular-season games", CBS Sports. Enlace
Notas
-
Como cuenta lo que ocurrió en juegos reales y no lo que "debería" ocurrir, el Win Expectancy es descriptivo, no predictivo: no afirma que estos dos equipos tengan esas probabilidades, sino que, históricamente, desde ese estado se ganó esa fracción de las veces.
↩ -
El 34% de Carter sale de la tabla del local de su época (1991-1993), y el 31% de Thomson de la suya (1949-1951).
↩ -
Con las tablas de SaberTables de cada época —la del local para los sencillos de Cabrera (1989-1992) y González (2021-2022), la del visitante para el jonrón de Pujols (1999-2005)—, los tres quedan casi calcados: González 0.747, Cabrera 0.745 y Pujols 0.745. En Baseball-Reference también van apretados: 0.74, 0.74 y 0.73.
↩ -
El jonrón de Thomson se conectó en el desempate de la Liga Nacional de 1951, que en aquella época contaba como temporada regular y no como postemporada; por eso queda fuera de esta lista. Si entrara, su WPA de 0.69 lo pondría en el puesto 14.
↩