Sabermetría

El regreso del toque

Después de cuatro décadas de caída, el toque está volviendo: en 2026 los equipos de la Liga Americana se sacrificaron 20.7 veces por temporada, casi el doble que en 2023. ¿Cuántas carreras costaba el toque cuando se tocaba mucho, cuánto cuesta hoy y qué cambió entre una época y otra?

Por Alberto Perdomo · 23 Oct 2026 · 36 min de lectura
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Un pelotero de Grandes Ligas, si trabaja en ello, puede tocar. Esa es la clave. Simplemente ya no es una prioridad.

Brett Butler, 2024

El toque de sacrificio tiene una defensa conocida: se entrega un out para mover al corredor, dejarlo a un sencillo de la carrera y quitarle a la defensa el doble play. Y tiene una crítica igual de conocida: el out vale más que la base extra.

El artículo sobre RE24 explica cómo se hace esa cuenta. Con la matriz de expectativa de carreras de las Grandes Ligas de 2021 a 2025, con corredor en primera y cero outs la entrada vale 0.901 carreras; con el corredor en segunda y un out, 0.689. El toque perfecto resta 0.212 carreras: casi la cuarta parte de lo que valía la entrada. Con la matriz de la Liga Americana sola, que es la que usa este artículo, las cifras son algo más bajas.

Esa resta, sin embargo, deja dos cosas fuera. Supone que el toque sale bien, y no siempre sale. Y lo compara con lo que produce un bateador promedio, cuando el que toca suele batear por debajo del promedio. Para saber cuánto costaba de verdad hay que contar todos los intentos —los que salieron y los que no— y compararlos con lo que hicieron, sin tocar, bateadores parecidos en la misma situación.

Eso es lo que hace este artículo, con dos épocas de la Liga Americana: 1989-1993 y 2021-2025. Se mide en la Americana porque, con el bateador designado, ahí no batean los lanzadores, que en la Nacional daban el 54.5% de los sacrificios en 1989-93 y el 79.2% en 2019. Las dos épocas tienen además una particularidad que facilita la comparación: anotaron casi las mismas carreras por equipo y por juego.

Cuánto se dejó de tocar

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Entre 1974 y 1981, el promedio por equipo de la Liga Americana nunca bajó de 57 sacrificios de toque por temporada. El máximo fue 1978, con 69. A finales de los ochenta y principios de los noventa la cifra rondaba los 46. De ahí bajó despacio hasta 27 en 2015, y en los cuatro años siguientes se partió a la mitad: 13 en 2019. Después se estancó, hasta que en 2026 subió a 20.7.

El sacrificio es solo la parte visible. Contando cada aparición al plato en que el bateador intentó tocar —haya sido un toque ejecutado, con la pelota en juego, o uno fallido—, en 1989-93 había un intento por cada 33 apariciones al plato, unos 187 por equipo y temporada. En 2021-25 hay uno por cada 88 apariciones, unos 68 por equipo.

Los primeros en dejarlo

Para comparar equipos hay que medir cuántas veces intentaron tocar frente a cuántas veces tuvieron la ocasión: intentos de toque —ejecutados y fallidos— por cada 100 apariciones al plato con corredor en primera o en segunda y menos de dos outs, sin contar lanzadores. En adelante, esas apariciones son las oportunidades. Los toques con las bases vacías quedan fuera, porque no son de sacrificio.

Antes de 1988 los registros no permiten contar los intentos fallidos, así que para esos años la cuenta es de sacrificios. Desde 1973, todas las temporadas hubo algún equipo que se sacrificaba alrededor de un 50% menos que su liga. Los Orioles de Earl Weaver lo hicieron entre 1978 y 1981: en 1979 se sacrificaron un 46% menos que la Liga Americana. Weaver lo dejó por escrito en su libro sobre estrategia: "Sacrificar significa que uno entrega algo. En este caso, se le entrega un out al contrario. Solo hay tres por entrada, y hay que atesorarlos".

Lo mismo hicieron los Rojos de 1974-77 y, ya contando intentos, los Mellizos de 1995-98 y los Padres de 1996-97. Su liga no los siguió.

A principios de los 2000 hubo un cambio brusco en tres equipos de la Liga Americana a la vez:

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  • Atléticos. En 1998 estaban entre los cuatro equipos de la Americana que más tocaban: un 29% más que la liga. En 2002 quedaron un 48% por debajo, y siguieron por debajo de la liga todas las temporadas de 2000 a 2007. Billy Beane era su gerente general desde octubre de 1997.
  • Azulejos. De un 29% por debajo de la liga en 2001 pasaron a un 50% en 2002 y a un 72% en 2003, la tasa más baja de las Mayores esos dos años. Su gerente general desde finales de 2001 era J.P. Ricciardi, que llegó desde la oficina de los Atléticos. En agosto de 2003 lo explicó así: "Lo más importante para mí es que no me gusta regalar outs. En la Liga Americana, una carrera por lo general no decide un juego. Hay que seguir sumando". Y se puso una meta: "Nuestro objetivo es quedarnos por debajo de 10".
  • Medias Rojas. De un 25% por debajo de la liga en 2001 pasaron a un 57% en 2004, la tasa más baja de las Mayores esa temporada. Theo Epstein era su gerente general desde noviembre de 2002.

Los datos dicen cuándo bajó cada equipo, no quién tomó la decisión. Lo que sí coincide: en los tres la caída llegó con gerentes generales que trabajaban con sabermetría. En Toronto y Boston fue poco después de que tomaran el cargo —en Boston el descenso había empezado una temporada antes de Epstein—; en Oakland, dos o tres años después de la llegada de Beane. Y uno de ellos, Ricciardi, dijo que no quería regalar outs.

El resto de las Mayores llegó a ese nivel más de una década después. La tasa general pasó de 3.9 intentos por cada 100 oportunidades en 2015 a 2.3 en 2019, el nivel que tenían los pioneros en 2002-04, y tocó fondo con 2.2 en 2021. En 2018 los Azulejos llegaron a septiembre con solo cuatro sacrificios, y su dirigente, John Gibbons, bromeó: "No es que yo esté en contra del toque, para nada, pero esto es un poco extremo. Tenemos la seña, pero nadie la conoce".

La cuenta del sacrificio

Para comparar el costo del toque en dos épocas, primero hay que ver si las carreras valían lo mismo en las dos. En los juegos en parque de la Liga Americana se anotaron 4.34 carreras por equipo y por juego en 1989-93, y 4.27 en 2021-25, contando de la primera a la novena entrada. El camino para llegar a ellas cambió por completo: el ponche pasó del 14.5% de las apariciones al plato al 22.8%, y el jonrón del 2.15% al 3.12%. Aun así, la matriz de expectativa quedó casi igual: de los 24 estados de bases y outs, ninguno se movió más de cinco centésimas de carrera de una época a la otra.

Tabla 1. Las dos épocas en números

Liga Americana, juegos en parque de la liga, entradas 1 a 9, sin apariciones al plato de lanzadores. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
1989-932021-25
Carreras por equipo y juego4.344.27
Ponches por aparición al plato14.5%22.8%
Jonrones por aparición al plato2.15%3.12%
Expectativa, bases vacías y 0 outs0.4920.487
Expectativa, corredor en 1B y 0 outs0.8750.864
Expectativa, corredor en 2B y 1 out0.6870.658
Sacrificios de toque por equipo46.612.2
Intentos de toque por cada 100 apariciones al plato3.071.13

Lo que vale un out, una base o una carrera era prácticamente lo mismo en las dos épocas. Lo que cambió entre ellas fue cuánto se tocaba.

Con eso, se puede medir lo que cuesta un sacrificio que sale bien. La comparación justa no es contra el promedio de la liga, sino contra lo que habría producido el mismo tipo de bateador sin tocar. En 1989-93, los que tocaban con corredor en primera y cero outs tenían un wOBA de temporada —la medida de cuánto produce un bateador por aparición al plato— 7% por debajo del promedio de la liga. Bateadores con ese mismo perfil, en ese mismo estado y sin tocar, dejaban la entrada con una expectativa de 0.856 carreras. Un sacrificio perfecto la deja en 0.687: le quita a la entrada 0.169 carreras, una quinta parte de lo que valía. En 2021-25 la misma cuenta le quita 0.190, algo más de una quinta parte.

Con corredor en segunda y cero outs, el sacrificio perfecto costaba algo más en 1989-93 y cuesta bastante menos hoy. Con corredores en primera y segunda y cero outs es donde menos cuesta: alrededor de la mitad que con corredor en primera. La tabla 2 tiene las cifras.

Alex Bregman, antesalista de los Astros, lo dijo con otras palabras en octubre de 2018: "Creo que este juego se ha convertido en uno de jonrones y ponches. Hay mucho swing y fallo. Hay mucho poder. Uno no quiere regalar un out".

Si el sacrificio que sale bien ya resta, lo único que puede equilibrar la cuenta son los toques en que el bateador se embasa sin que haya out: por hit, o por error o jugada de selección en que todos quedan a salvo. Suponiendo que todos los demás intentos fueran sacrificios perfectos —el mejor caso posible—, la tabla 2 dice en qué parte de los intentos tendría que embasarse el bateador para no perder carreras, y en qué parte se embasó de verdad.

Tabla 2. Costo del sacrificio logrado y cuántas veces tendría que embasarse el bateador

Costo frente a bateadores del mismo turno en el orden y el mismo rango de wOBA que no tocaron en ese estado. El bateador se embasa por hit, o por error o jugada de selección sin out en la jugada; el porcentaje es sobre todos los intentos de toque. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
SituaciónCosto del sacrificio logradoSe embasa, necesarioSe embasó, real
1989-932021-251989-932021-251989-932021-25
Corredor en 1B, 0 outs−0.169−0.19020.7%23.7%10.0%11.7%
Corredor en 2B, 0 outs−0.178−0.12721.5%14.6%12.1%13.1%
Corredores en 1B y 2B, 0 outs−0.088−0.0919.1%8.9%11.2%12.5%

Con corredor en primera y cero outs, el bateador tendría que haberse embasado en uno de cada cinco intentos, y aun así solo si todos los demás salían perfectos. En 1989-93 se embasó en uno de cada diez; en 2021-25, en poco más. Con corredores en primera y segunda, en cambio, se embasó más veces de las necesarias en las dos épocas. Pero el resto de los intentos no son sacrificios perfectos: sumando todos los desenlaces reales, cada intento en esa situación le quitó a la entrada un 4% de las carreras que se esperaban en 1989-93 (−0.064) y un 1% en 2021-25 (−0.020).

Lo que pasaba cuando se mandaba el toque

La tabla 2 supone lo mejor. Esto es lo que pasó en los intentos con corredor en primera y cero outs, la situación clásica del sacrificio:

Tabla 3. Desenlaces de los intentos de toque con corredor en primera y cero outs

Intentos de toque con corredor en primera y cero outs. Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores, entradas 1 a 9. Una aparición al plato cuenta como intento si hubo al menos un foul de toque, un toque fallado o un toque en juego. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
Desenlace del intento1989-932021-25
Sacrificio: el corredor avanzó y el bateador fue out47.1%34.9%
Hit de toque6.5%9.3%
Se embasó sin hit (error o jugada de selección)3.5%2.4%
Out sin que avanzara el corredor7.4%7.0%
Doble play0.9%0.3%
Toque fallido que terminó en ponche0.8%0.4%
Toque fallido: abandonó el toque y terminó la aparición bateando33.8%45.7%

En 1989-93 algo menos de la mitad de los intentos terminó en el sacrificio que se buscaba. Uno de cada tres fue un toque fallido: el bateador hizo foul o falló el toque, se quedó con un strike encima y terminó la aparición bateando. En 2021-25 esa proporción subió a casi la mitad.

Cuando el toque se ejecuta, en cambio, hoy deja más veces al bateador en base. La tabla 3 reparte todos los intentos; si se cuentan solo los toques ejecutados, el bateador se embasó —por hit, error o jugada de selección— en el 15.3% de ellos en 1989-93 y en el 21.6% en 2021-25.

El toque sí cumple con quitarle el doble play a la defensa. Con corredor en primera y cero outs, las apariciones con intento de toque —contando las que terminaron bateando después de abandonar el toque— terminaron en doble play el 4.9% de las veces en 1989-93 y el 3.8% en 2021-25; las apariciones sin toque, el 12.2% y el 10.6%. Aun así, contando todos los desenlaces —también el doble play evitado—, cada intento en esa situación le quitó a la entrada, frente a bateadores comparables, un 5% de las carreras que se esperaban en 1989-93 (−0.045) y un 3% en 2021-25 (−0.022): el out que se entrega pesa más que el doble play que se evita.

Falta sumar. Sumando todos los intentos, en todas las situaciones, y comparando cada uno con lo que hicieron sin tocar bateadores del mismo turno en el orden y el mismo rango de wOBA en el mismo estado, el promedio por intento fue de −0.024 carreras en 1989-93. Con 187 intentos por equipo, son 4.6 carreras perdidas por equipo y temporada. A las cerca de 9.8 carreras por victoria de los años noventa que se vieron en el artículo sobre WAR, es casi media victoria.

En 2021-25 el promedio por intento es prácticamente cero (+0.0006 carreras). Con 68 intentos por equipo, el resultado es cero: los equipos de hoy ni ganan ni pierden carreras con los toques que dan.

toque_g2_carreras

La diferencia no viene del entorno de carreras. Si los intentos de 1989-93, con sus mismos desenlaces, se valoran con la matriz de 2021-25, el costo sube un poco, a 5.2 carreras por equipo y temporada.

El gráfico separa los intentos en dos grupos: los toques ejecutados, en que el bateador puso la pelota en juego, avanzara el corredor o no, y los toques fallidos. Los ejecutados, tomados en conjunto, no costaron carreras: +0.8 por equipo en 1989-93 y +1.8 en 2021-25. Lo que se pierde en los sacrificios lo devuelven los hits, los errores y las jugadas en que todos quedan a salvo. Con corredores en base y menos de dos outs, en cambio, el toque ejecutado restaba en 1989-93 (−1.0 carrera por equipo) y hoy suma (+0.9).

Y eso que el toque ejecutado no siempre sale bien: incluye el elevadito que atrapa la defensa y el toque que termina con el corredor de punta out en segunda.

La pérdida estaba en los fallidos: las apariciones en que el bateador intentó tocar, no logró poner la pelota en juego y terminó la aparición con al menos un strike regalado. Frente a bateadores comparables, se perdieron 6.1 carreras por cada 100 toques fallidos en 1989-93 y 5.0 en 2021-25. El costo cambió poco; lo que cambió es cuántos hay: 5.3 carreras perdidas por equipo por esa vía en 1989-93, 1.7 en 2021-25. Separarlos así describe dónde se perdieron las carreras; la decisión de tocar se juzga por el total de los intentos, que es la cuenta por equipo.

Tampoco se insistía en tocar con dos strikes: en 1989-93, el bateador que llegaba a dos strikes después de fallar el toque siguió tocando en el 5% de los casos, y hoy en el 4%.

Pat Murphy, dirigente de los Cerveceros, defiende lo contrario: en 2024 habló del "efecto inmedible del intento de toque que no sale", que según él descoloca al lanzador y a la defensa. En el conjunto de la liga, la probabilidad de anotar en la entrada (tabla 6) no muestra ese beneficio. Lo que sí queda fuera de la cuenta es el amago puro, cuando el bateador se cuadra y retira el bate sin tocar la pelota, porque no queda registrado.

Poner la pelota en juego tampoco se ha vuelto más fácil: en 1989-93 el 53.5% de los intentos fueron toques ejecutados; en 2021-25, el 49.1%. Craig Counsell, entonces dirigente de los Cerveceros, dio una razón en 2018: "La velocidad ha cambiado la ecuación del toque". Brett Butler, que en 1992 lideró las Mayores con 42 hits de toque —de 171 hits en total—, dio otra en 2024: "Un pelotero de Grandes Ligas, si trabaja en ello, puede tocar. Esa es la clave. Simplemente ya no es una prioridad".

Qué cambió entre una época y otra

Lo primero que cambió es quién toca. En 1989-93, el 38.8% de los intentos venía del primero y el segundo bate; en 2021-25, el 21.6%. El segundo bate, que daba el 18.6% de los intentos, hoy da el 7.4%. Del sexto al noveno bate venía el 48.4%; hoy viene el 66.5%, y solo el noveno da el 28.7%.

Y hoy toca, sobre todo, el bateador rápido. Se mide la velocidad del que toca, no la del corredor que está en base: ordenando a los bateadores de cada época por sus propias carreras de corrido de bases por cada 600 apariciones al plato y partiéndolos en tres grupos con la misma cantidad de apariciones al plato, los del tercio más rápido dieron el 40.2% de los toques ejecutados en 1989-93 y el 50.8% en 2021-25.

Pero la velocidad no explica por qué el toque ejecutado deja hoy más bateadores en base. Para medirlo se cuenta cuántas veces el bateador se embasó sin que hubiera out —por hit, error o jugada de selección—, y no solo los hits, porque los registros de hoy anotan muy pocos errores en toques: el 3.2% de los toques ejecutados en 1989-93 y el 0.5% en 2021-25.

Tabla 4. Toques ejecutados en que el bateador se embasó, según su velocidad

Grupos de velocidad: tercios de las apariciones al plato de cada época, ordenando a los bateadores según sus carreras por corrido de bases (Baseball-Reference) por cada 600 apariciones al plato. "Se embasó": hit, o error o jugada de selección sin out en la jugada. Todas las situaciones. Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores, entradas 1 a 9. Fuente: Retrosheet y Baseball-Reference, cálculo propio.
Grupo de velocidadParte de los toques ejecutadosSe embasó
1989-932021-251989-932021-25
Lentos28.2%21.5%22.7%33.2%
Medios31.6%27.8%28.1%36.5%
Rápidos40.2%50.8%31.7%35.7%
Todos28.0%35.4%

El aumento aparece en los tres grupos, también en el de los lentos: el bateador lento que toca hoy se embasa más que el rápido de 1989-93. Si a los toques de 1989-93 se les aplica el reparto de velocidad de hoy, la parte en que el bateador se embasó apenas pasa de 28.0% a 28.8%; el aumento real fue de 7.4 puntos. De dónde sale el resto, los datos de jugada por jugada no lo dicen; el final de este artículo vuelve sobre eso.

La pérdida por equipo es el número de intentos multiplicado por lo que cuesta cada uno. Las dos cosas cambiaron, y la tabla 5 muestra qué pasa si se cambia una sin la otra:

Tabla 5. Carreras por equipo y temporada según el número de intentos y su costo

Carreras por equipo y temporada. Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores, entradas 1 a 9. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
187 intentos por equipo (1989-93)68 intentos por equipo (2021-25)
Costo por intento de 1989-93 (−0.024)−4.55−1.66
Costo por intento de 2021-25 (+0.0006)+0.11+0.04

Tocar menos, por sí solo, no habría bastado: con el costo por intento de 1989-93, los 68 intentos de hoy todavía costarían 1.7 carreras por equipo. La pérdida desapareció porque cada intento dejó de costar carreras.

Entre una décima y algo más de una quinta parte de ese cambio viene de dónde se toca: hay menos toques con corredor en primera y cero outs —de 52 a 13 por equipo—, que es donde más carreras se perdían en total. El resto viene de lo que pasa dentro de cada situación. La ejecución no lo explica, porque hoy se pone la pelota en juego un poco menos que antes. Lo explica que el toque ejecutado rinde más: con corredor en primera y cero outs pasó de quitarle a la entrada un 5% de las carreras que se esperaban a un 1% (de −0.042 a −0.010), y con corredores en primera y segunda pasó de restar casi nada a sumar un 3% (de −0.010 a +0.039).

No hay mejores tocadores, si se mide por la frecuencia con que la pelota cae en juego. Lo que hay es un toque que se pide mucho menos y que, cuando se pide, rinde lo que cuesta.

La carrera que se busca

El argumento habitual a favor del toque no es la expectativa de carreras, sino la probabilidad de anotar al menos una. Con la matriz, la cuenta parece clara: con corredor en primera y cero outs, un sacrificio perfecto baja esa probabilidad, y con corredor en segunda la sube. Pero esa cuenta supone, otra vez, un bateador promedio y un toque que siempre sale. Lo que sirve es comparar los intentos reales con bateadores parecidos que no tocaron:

Tabla 6. Probabilidad de anotar al menos una carrera, con toque y sin toque

Probabilidad de que se anote al menos una carrera desde ese momento hasta el final de la entrada. "Sin toque": bateadores del mismo turno en el orden y el mismo rango de wOBA que no tocaron en ese estado. "Con toque": todos los intentos de toque, ejecutados y fallidos. Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores, entradas 1 a 9. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
Situación inicial1989-932021-25
Sin toqueCon toqueSin toqueCon toque
Corredor en 1B, 0 outs41.8%44.5%41.0%40.7%
Corredor en 2B, 0 outs65.4%63.5%59.7%61.6%
Corredores en 1B y 2B, 0 outs62.8%63.4%59.0%61.7%

Con bateadores comparables la cuenta cambia. Con corredor en primera, donde la matriz dice que el sacrificio perfecto baja la probabilidad, el toque real la subió 2.7 puntos en 1989-93, en parte porque algunos toques terminaron en hit o en error; hoy no la mueve. Con corredor en segunda pasó lo contrario: en 1989-93 el toque bajó la probabilidad de anotar, y hoy la sube. Y con corredores en primera y segunda la sube en las dos épocas, más hoy.

Con los intentos reales, todos juntos, en situaciones con corredores en base y menos de dos outs, el equipo que tocó anotó al menos una carrera 1.6 puntos porcentuales más veces que los bateadores comparables que no tocaron, igual en las dos épocas.

En el escenario donde una carrera pesa más —de la séptima entrada en adelante, con el juego empatado o separado por una carrera—, con corredor en primera y cero outs, el toque subió esa probabilidad de 41.2% a 43.1% en 1989-93 y de 40.8% a 42.6% en 2021-25. A cambio, cada intento le quitó a la entrada alrededor de un 11% de las carreras que se esperaban en la primera época (−0.092) y un 7% en la segunda (−0.057), más que en el resto del juego.

Con corredor en segunda y cero outs, los 205 intentos de 1989-93 en esos momentos anotaron menos veces que los bateadores que no tocaron (55.6% contra 62.8%), aunque con 205 intentos la diferencia puede ser en parte suerte. En 2021-25 hubo solo 80 intentos así en cinco temporadas, muy pocos para comparar.

Lo que de verdad importa en esos momentos es la probabilidad de ganar el juego, y también se puede medir con el WPA, que se explicó en el artículo sobre Win Expectancy y WPA. En las mismas situaciones —de la séptima entrada en adelante, empate o diferencia de una carrera—, cada intento de toque con corredores en base y menos de dos outs se compara con lo que hicieron, en la misma situación, bateadores del mismo rango de wOBA que no tocaron.

En 1989-93, cada intento le restó a su equipo 0.75 puntos porcentuales de probabilidad de ganar: unas tres cuartas partes de un juego por cada 100 intentos. Con corredores en primera y segunda, 2.0 puntos. En 2021-25 el balance es de +0.62 puntos por intento, tan poco que puede ser cuestión de suerte, y la ganancia más grande es con corredor en segunda y cero outs: +3.2 puntos, aunque en solo unos 80 intentos. Es decir: el toque de antes, aun en el momento en que se supone que más rendía, le restaba probabilidad de ganar a su equipo; el de hoy, en esos momentos, ya no.

Son los momentos en que algunos dirigentes defienden el toque. Terry Francona, de Cleveland, reconoció en 2018 que hay análisis que aconsejan no tocar y que regalar outs puede costar una entrada grande, pero defendió que a veces lo único que se busca es una carrera. A.J. Hinch, de los Astros, lo llevó a la postemporada: "El valor de una carrera nunca es más alto que en un juego de playoffs".

Primera y segunda sin outs

Si hay una situación en que el toque parece de manual es con corredores en primera y segunda y cero outs. Ahí el sacrificio perfecto es el que menos cuesta, el único en que el bateador se embasó más veces de las necesarias para no perder carreras (tabla 2) y, según la matriz, el que más sube la probabilidad de anotar al menos una. Pero eso es con el toque bien ejecutado. Con todos los intentos reales, la cuenta cambia:

Tabla 7. Intentos de toque con corredores en primera y segunda y cero outs

Valores en carreras frente a bateadores del mismo turno en el orden y el mismo rango de wOBA que no tocaron en ese estado. En 1989-93 el toque ejecutado ya costaba carreras, así que ningún nivel de ejecución las recuperaba. Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores, entradas 1 a 9. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
1989-932021-25
Intentos ejecutados66.5%63.3%
Valor del toque ejecutado−0.010+0.039
Valor del toque fallido−0.170−0.122
Valor por intento, todos juntos−0.064−0.020
Ejecución necesaria para no perder carrerasNinguna75.8%
Anotó al menos una carrera: con toque63.4%61.7%
Anotó al menos una carrera: sin toque, bateadores comparables62.8%59.0%

El toque fallido es el que arruina la cuenta. Con dos corredores en base, el bateador que hace foul o falla el toque y termina bateando con un strike encima le quitó a la entrada un 11% de las carreras que se esperaban en 1989-93 (−0.170) y un 8% en 2021-25 (−0.122): más de lo que cuesta el sacrificio perfecto que se buscaba. Y pasa en uno de cada tres intentos.

Hoy, para que el toque con primera y segunda no pierda carreras, el bateador tendría que ponerlo en juego en tres de cada cuatro intentos: el 75.8%. Lo logra en el 63.3%. Aun así, el que toca en esa situación anota al menos una carrera 2.7 puntos porcentuales más veces que el que no toca, la mayor ventaja de las situaciones de sacrificio.

En otras palabras: hasta el toque que parece obligado solo deja de perder carreras si se ejecuta en tres de cada cuatro intentos. Mandárselo a un bateador que no sabe tocar le cuesta carreras al equipo.

El repunte

En la Liga Americana, el promedio por equipo tocó fondo con 9.3 sacrificios en la temporada corta de 2020, llevada a 162 juegos, y con 10.5 en 2023; desde ahí subió a 13.9 en 2025 y a 20.7 en 2026, el más alto desde 2015.

toque_g4_repunte

La lista de los que más tocan ha ido cambiando. En intentos por oportunidad, Arizona encabezó las Mayores en 2022; los Atléticos, otro de los pioneros, en 2023, con un 167% más que su liga; Washington en 2024; San Diego en 2025, con 102 intentos, y Tampa Bay en 2026, con 113, casi el doble del promedio de las Mayores. Entre los cinco que más tocaron en 2026 está Boston, uno de los primeros en dejarlo dos décadas atrás.

Y hay equipos que volvieron a enseñarlo. Desde 2022 los Rojos cuentan con Butler para trabajar el toque con sus jugadores, y en 2023 TJ Friedl, que trabajó con él, encabezó las Mayores con 17 hits de toque. "Me encantó cuando regresó", dijo Butler.

Stuart Fairchild, jardinero de los Rojos, contó en 2025 que en su primer año como profesional, en 2017, tocó la pelota en un juego de novatos y un coach le dijo: "Esto es profesional; aquí no tocamos". "Eso me lo mató por años", dijo. "Es el peor consejo que me han dado".

Kevin Cash, dirigente de los Rays, explicó el cambio así en mayo de 2026: "Probablemente estamos entendiendo y aprendiendo, como industria, que batear es muy difícil".

Los datos no lo respaldan del todo. La velocidad de la recta ha subido casi todos los años desde 2008, de 91.9 a 94.8 millas por hora, pero desde 2022, con el bateador designado en las dos ligas, los ponches se han quedado entre el 22.1% y el 22.7% de las apariciones al plato, y los swings fallados entre el 25.3% y el 25.9%. Y en 2022-26 se intentó tocar casi igual contra el tercio de lanzadores que más swings fallados provoca que contra el que menos: 3.1 y 3.0 intentos por cada 100 oportunidades.

Lo que sí cambió justo antes del repunte fue el precio del toque:

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Entre 2010 y 2021, salvo en la temporada corta de 2020, el toque le costó a la ofensiva entre 4 y 9 carreras por cada 100 intentos. Desde 2022 le cuesta entre 1 y 3, y los intentos suben desde 2024: en 2026 llegaron a 3.9 por cada 100 apariciones con corredores en base y menos de dos outs, el nivel de 2013, sin que el costo volviera a subir. El cambio está en el toque ejecutado, que pasó de restar a sumar; el toque fallido sigue costando.

Revisamos las explicaciones a la mano y ninguna se sostiene:

  • El bateador designado universal, que llegó en 2022: la Liga Americana siempre lo tuvo, y el cambio aparece igual en sus parques.
  • El entorno de carreras: 2022 fue un año de poca ofensiva, pero en 2023-25 la matriz volvió a sus valores de antes y el toque siguió sin costar.
  • Los cambios de reglas de 2023 —bases más grandes, límite a los pickoffs y fin del shift—: llegaron un año después, y el salto en los toques del inicialista y el lanzador ya se ve en 2022.
  • Que batear se haya vuelto más difícil: desde 2022 los ponches y los swings fallados no han subido.

Lo que queda es el toque ejecutado: desde 2022 deja más bateadores en base. Es un fenómeno parecido al de la tabla 4, pero no subió parejo en todas las situaciones:

Tabla 8. Toques ejecutados en que el bateador se embasó, por situación

Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores, entradas 1 a 9. Se embasó: hit, o error o jugada de selección sin out en la jugada. Desde 2022 hay entre 110 y 420 toques ejecutados en cada situación, así que cada porcentaje puede moverse unos 3 a 6 puntos por azar. Fuente: Retrosheet, cálculo propio.
Situación1989-932017-212022-25
Con corredores en base y menos de dos outs19.1%23.8%27.6%
Corredor en 1B, 0 outs15.3%22.6%22.5%
Corredor en 2B, 0 outs20.1%21.7%19.9%
Corredores en 1B y 2B, 0 outs16.9%16.3%20.5%
Corredor en 1B, 1 out50.0%38.5%52.8%
Bases vacías, 0 outs45.5%46.3%52.5%
Bases vacías, 1 out44.7%46.9%48.6%
Bases vacías, 2 outs49.6%44.8%48.6%

El sacrificio clásico, con corredor en primera y cero outs, mejoró entre 1989-93 y 2017-21 y desde 2022 se quedó igual. Lo que sube desde 2022 está sobre todo en dos situaciones: con las bases vacías y cero outs, donde el toque no es de sacrificio porque no hay corredor que adelantar, y con corredor en primera y un out, aunque esta segunda sube desde un 2017-21 que había bajado: frente a 1989-93 sube apenas 3 puntos. Son las dos subidas que superan el margen del azar, aunque entre ocho situaciones alguna podría pasarlo por suerte. Con corredor en segunda no subió en ningún período.

El toque en sí no cambió. Desde 2020, cuando se empezó a medir la velocidad de casi todos los toques, la pelota sale a la misma velocidad —una mediana de entre 33 y 35 millas por hora— y va casi a los mismos lugares.

Lo que cambió es cuántos de esos toques convierte en out la defensa, y la diferencia está en los que fildean el inicialista y el lanzador. Con las bases vacías, el bateador conectó hit en el 39.5% de los toques que tomó el inicialista en 2015-19 y en el 48.8% en 2023-26; en los que tomó el lanzador, en el 34.6% y el 38.8%. Los toques que fildeó el inicialista son pocos (263 en 2015-19 y 125 en 2023-26); juntando los del inicialista y los del lanzador, el aumento pasa de 35.5% a 40.5%, más de lo que daría el azar. El salto aparece ya en 2022, antes de las reglas de 2023: con corredores en base, el bateador conectó hit en alrededor del 10% de los toques que fildearon el inicialista o el lanzador en 2015-19, y en alrededor del 20% desde 2022. Hacia tercera casi no cambió. Tampoco lo explica el fin del shift: contra el shift el zurdo conectaba más hits de toque, y desde que se prohibió el porcentaje no bajó.

Los datos ubican el cambio en los toques que fildean el inicialista y el lanzador, pero no dicen por qué. Murphy dio una explicación en mayo de 2026: "Tenemos muchos lanzadores grandes", y fildear un toque, lanzando duro y con la adrenalina arriba, le parece difícil.

Los datos no alcanzan para darle la razón: entre 2015 y 2026, con las bases vacías y el toque fildeado por el propio lanzador, el bateador conectó hit en el 33.6% de los casos frente a lanzadores de menos de 200 libras y en el 36.8% frente a los de 230 o más, una diferencia que, con unos 400 toques en cada grupo, puede ser cuestión de suerte. Pero el peso no explica el repunte: los lanzadores de hoy pesan unas 10 libras más que los de 1989-93, aunque vienen bajando desde 2011, y el aumento aparece también contra los más livianos.

Lo que muestran los datos es el orden de los hechos: primero el toque ejecutado empezó a rendir, y después los equipos empezaron a pedirlo más, aunque los datos no dicen si una cosa causó la otra. En 2016, cuando el toque todavía iba en caída, Michael Salfino, periodista de estadística del Wall Street Journal, lo resumió así: "Los números lo mataron. Quizás los números también lo salven".

La cuenta final

  • Un equipo promedio de la Liga Americana pasó de 69 sacrificios de toque en 1978 a 46.6 por temporada en 1989-93 y a 12.2 en 2021-25. Los primeros en dejarlo, entre 2000 y 2004, fueron los Atléticos, los Azulejos y los Medias Rojas; el resto de las Mayores los alcanzó entre 2016 y 2019.
  • Las dos épocas anotaron casi las mismas carreras por equipo y por juego, y un sacrificio perfecto con corredor en primera y cero outs costaba casi lo mismo: frente a un bateador comparable, le quitaba a la entrada una quinta parte de las carreras que se esperaban en 1989-93 y algo más hoy.
  • En 1989-93 tocar le costó a cada equipo 4.6 carreras por temporada, casi media victoria, y la pérdida estaba en los toques fallidos. En 2021-25 le cuesta cero, y desde 2022 el toque ejecutado suma.
  • Tocar menos, por sí solo, habría dejado la pérdida en 1.7 carreras por equipo. Desapareció porque el toque ejecutado rinde más. La ejecución no mejoró: hoy se pone la pelota en juego menos que antes.
  • En la parte final de juegos cerrados, con corredores en base y menos de dos outs, cada intento de toque le restaba a su equipo 0.75 puntos de probabilidad de ganar en 1989-93; hoy el balance es tan pequeño que puede ser cuestión de suerte.
  • Con corredores en primera y segunda y cero outs, el toque solo deja de perder carreras si el bateador lo pone en juego en el 75.8% de los intentos; hoy lo logra en el 63.3%.
  • En la Liga Americana, los sacrificios por equipo pasaron de 10.5 en 2023 a 20.7 en 2026, el nivel más alto desde 2015. El repunte llegó después de que el toque ejecutado pasara de restar a sumar, en 2022, y no coincide con el designado universal, el entorno de carreras, las reglas de 2023 ni con que batear se haya vuelto más difícil.
  • Desde 2020, el toque no cambió de velocidad ni de dirección. Lo que mejoró es el resultado de los toques que fildean el inicialista y el lanzador.
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Cómo se hizo

  • Datos: event files de Retrosheet de temporada regular, 1973-2025, procesados en la base de datos del blog. Para 2026, que Retrosheet todavía no publica, los sacrificios y las oportunidades salen de Statcast (temporada regular completa, hasta el 27 de septiembre). En 2022-2025 las dos fuentes dan la misma tasa (en 2025, 1.097 y 1.096 sacrificios por cada 100 oportunidades). En Statcast no se pueden separar las apariciones al plato de los lanzadores; desde 2022 son muy pocos. El valor del toque de 2026 en el gráfico se calcula con Statcast y con la misma lógica: una matriz RE24 propia de la Liga Americana y el turno en el orden contado por apariciones al plato de cada equipo. En 2024 y 2025 esa cuenta difiere de la de Retrosheet en menos de una centésima de carrera por intento.
  • Universo: juegos con equipo local de la Liga Americana, sin apariciones al plato de lanzadores y de la primera a la novena entrada. Las entradas extra quedan fuera porque desde 2020 empiezan con un corredor en segunda. La liga de cada equipo se deduce del uso del bateador designado en sus juegos de local; para 2020 y desde 2022 se mantiene la de la temporada anterior. La comparación entre equipos usa todos los juegos de cada equipo, de local y de visitante, y cuenta intentos de toque en oportunidades desde 1988; antes de ese año, sin secuencia de lanzamientos, cuenta sacrificios. Para 2026 los intentos por equipo salen de Statcast, que en 2022-25 da la misma tasa de las Mayores que Retrosheet con menos de una décima de diferencia. Los totales pueden diferir de los oficiales, que incluyen lanzadores y entradas extra.
  • Matriz RE24: una por temporada, con los juegos de la Liga Americana, en entradas completas: carreras promedio desde cada estado hasta el final de la entrada y proporción de veces en que se anotó al menos una. Las tablas juntan las cinco temporadas de cada época. Por ser solo de la Liga Americana y de las primeras nueve entradas, no coincide exactamente con la matriz de las dos ligas: con corredor en primera y cero outs, 2021-25 da 0.864 aquí y 0.901 con las dos ligas.
  • Aparición al plato e intento de toque: se agrupan todas las jugadas de una aparición al plato, incluidos robos a mitad de ella. Un intento es una aparición al plato con al menos un toque en juego, un foul de toque, un toque fallado o un foul tip de toque. Es ejecutado si terminó con la pelota tocada en juego, saliera bien o mal, y fallido si no, ponche incluido. Los registros no distinguen el toque de sacrificio del toque para embasarse, ni marcan el squeeze ni el amago.
  • Comparación: cada intento se compara con el RE24 promedio de las apariciones sin toque de la misma época, en el mismo estado de bases y outs, del mismo turno en el orden y del mismo rango de wOBA de temporada (cinco rangos relativos al promedio de la liga). El reparto del cambio entre situaciones y resultados explica entre el 9% y el 22% por el lugar donde se toca, según el orden del cálculo. Los totales por equipo se corrigen por el 1.7% de apariciones al plato de 1989-93 sin secuencia de lanzamientos. El error estándar del total por equipo es de unas ±0.7 carreras en 1989-93 y ±0.4 en 2021-25.
  • Probabilidad de ganar: WPA de cada jugada (base de datos del blog), sumado por aparición al plato y visto desde el equipo que batea. Cada intento de toque de las entradas 7 a 9, con el juego empatado o separado por una carrera, con corredores en base y menos de dos outs, se compara con las apariciones sin toque de la misma época, en el mismo estado, la misma entrada, la misma diferencia en el marcador, el mismo lado (local o visitante) y el mismo rango de wOBA del bateador. El error estándar es de unos 0.23 puntos por intento en 1989-93 y 0.44 en 2021-25.
  • Velocidad y peso: la velocidad es el corrido de bases de Baseball-Reference por cada 600 apariciones al plato, en tercios de las apariciones al plato de cada época; mide lo que el jugador hace corriendo las bases, no su velocidad con cronómetro. El peso de los lanzadores es el último que publicó MLB de cada jugador, ponderado por los bateadores que enfrentó.
  • Statcast: el pitcheo de la liga, la comparación por grupos de lanzadores y la forma del toque (velocidad de la pelota desde 2020, cuando se empezó a registrar en el 97% o más de los toques, y dirección según el defensor que fildeó). En Statcast el resultado del toque se mide por hits, porque los errores en toques no quedan identificados como tales; por eso esas cifras dicen "conectó hit" y no "se embasó". Con las bases vacías, donde se comparan los toques del inicialista y el lanzador, los errores en toques ejecutados no bajaron (1.0% en 2015-19 y 1.5% en 2023-25), así que el aumento de hits no viene de un cambio en cómo se anotan. El valor del toque año por año (el gráfico de 2010-2026) sale de Retrosheet, y el de 2026 de Statcast con la misma matriz propia; no se usa el valor en carreras que publica Statcast, que para el mismo sacrificio salta de −0.07 a casi cero en 2022 sin que la matriz de la Liga Americana muestre ese cambio.
  • Épocas: antes de 1988 casi no hay secuencia de lanzamientos, y sin ella no se pueden contar los toques fallidos; 1988 no está del todo completo y 2020 queda fuera por su calendario de 60 juegos.
  • Citas: las de Ricciardi salen del artículo de Jack Curry en The New York Times del 17 de agosto de 2003, tal como las reproduce Batter's Box; la de Weaver, de su libro sobre estrategia, tal como la reproduce Cody Royle. Todas están traducidas.

Fuentes