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Los dos lados del mismo turno (4/6)

El rastro lleva a los dos extremos del mismo turno: qué cambió en el montículo, con el bullpen y el oficio del abridor, y qué cambió del otro lado, en el cajón de bateo, década por década en Grandes Ligas.

Por Alberto Perdomo · 12 Oct 2026 · 15 min de lectura
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Serie: El fanático no se equivocó. Se equivocó de culpable — Parte 4 de 6

Artículo anterior:
Parte 3 — Lo que nadie está nombrando

Inicio de la serie:
Parte 1 — Los cinco sospechosos de siempre

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La entrega anterior encontró el cambio que las siete sospechas no explicaban: el partido dejó de construirse hacia el final. El tercer acto perdió peso. Ahora toca seguir el rastro de lo que ocupó ese espacio.

Esta es la proporción de turnos[1]en los que el bateador enfrenta a un relevista y no al abridor, por tramo del juego:

Tabla 4.1. Turnos contra relevista, por tramo del juego

Es relevista todo lanzador que no abrió el partido. Cada columna es la proporción de los turnos de ese tramo del juego que se dieron contra un relevista. "Lanzadores por juego" es el promedio de lanzadores que usó un equipo por partido. La década de 2020 va hasta 2025. Temporada regular. Fuente: Retrosheet.
Década1ª-3ª4ª-6ª7ª-9ªLanzadores por juego
19104.5%16.8%33.4%3.20
19205.0%19.1%38.7%3.59
19305.1%19.8%42.2%3.77
19405.2%20.3%43.1%3.95
19505.9%23.5%51.2%4.59
19604.7%22.6%56.8%5.09
19704.0%20.2%56.6%4.92
19803.2%20.7%65.8%5.44
19902.2%20.2%74.2%6.63
20001.7%19.8%81.4%7.52
20101.8%21.0%85.2%8.17
20202.9%30.4%93.5%8.54

Noventa y tres de cada cien turnos del último tercio del juego son hoy contra un relevista. En 1990 eran setenta y cuatro. Un partido veía 6.6 lanzadores en 1990 y ve 8.5 ahora (+28.8%). Y las entradas cuatro a seis estuvieron entre 19.8% y 23.5% desde los años cincuenta, y saltaron a 30.4% en esta década. El bullpen no solo se adueñó del último tercio: viene retrocediendo hacia el centro del juego.

Y la regla de los tres bateadores no lo detuvo. Entró en 2020 justamente para eso, y la invasión ya había ocurrido antes: la proporción de turnos de la cuarta a la sexta contra un relevista pasó de 16.4% en 2014 a 31.2% en 2019, con la regla todavía sin existir, y en 2025 está en 30.3%. La regla llegó cuando el bullpen ya estaba instalado en el medio del juego, y ahí sigue.

Al abridor eso le transformó el oficio. Y no en el sentido en que suele contarse —el juego completo lleva treinta años siendo una rareza y eso no le sorprende a nadie— sino en uno más simple de decir: el abridor ya no lanza el partido. Lo abre.

Tabla 4.2. Hasta dónde llega el abridor, década por década

Las entradas salen de dividir entre tres los outs que registró el abridor, y no de la entrada en que lo sacaron. "Outs de su equipo" es la proporción de todos los outs que hizo la defensa de ese equipo en el partido. Temporada regular. Fuente: Retrosheet.
DécadaEntradas que lanzaOuts de su equipoNo llega a la 5ªLlega a la 6ªLlega a la 7ªJuegos completos
20005.8765.9%18.1%60.9%32.2%3.6%
20105.7364.1%19.3%56.9%26.5%2.2%
20205.1558.2%30.6%39.2%12.7%0.7%

Hasta los años ochenta, entre 64% y 68% de las aperturas llegaban al sexto inning. Hoy es el 39.2%: menos de dos de cada cinco. Y llegar al séptimo, que era lo normal —más de la mitad de las veces en los cincuenta, los sesenta y los setenta— hoy pasa una vez de cada ocho.

Por el otro extremo pasó lo mismo. Casi un tercio de las aperturas de hoy no alcanza la quinta entrada. Esa proporción estuvo entre 18% y 25% durante setenta años; en 2011 era 14.4%. La regla del juego que define cuándo un abridor "ganó" quedó desfasada del oficio que describe.

Y la columna que resume todo es la segunda. El abridor registra hoy el 58% de los outs de su equipo, cuando en los setenta registraba el 72%. Uno de cada siete outs del partido cambió de manos: pasó del hombre que empieza a los que vienen después.

Hay una razón, y no es que los abridores de hoy sean más flojos. Un abridor enfrenta 21.8 bateadores por apertura, contra 27.5 en los setenta. El de los setenta completaba un poco más de tres vueltas a la alineación y el de hoy no llega a dos y media. Eso es exactamente lo que los equipos quieren, porque el castigo de la tercera vuelta está medido y es grande: contra el mismo abridor, la liga batea .317 de wOBA en la primera vuelta y .344 en la tercera, veintisiete puntos de diferencia. Sacarlo antes de esa tercera pasada no es desconfianza en el hombre: es dirigir leyendo el número.

Y en algunos equipos ya no es ni siquiera un rol. En 2018, cuando Tampa Bay empezó a poner a un relevista a abrir el juego, las aperturas de dos entradas o menos saltaron de 2.7% a 5.1%, y en 2019 llegaron a 7.0%. La distancia entre franquicias es hoy de una entrada completa por apertura: en 2025, Filadelfia sacó 5.73 entradas de cada abridor y los Medias Blancas 4.68. Los Dodgers, que no son un equipo pobre, terminaron el año en 4.84, y casi una de cada cinco de sus aperturas duró tres entradas o menos.

El juego completo, en la última columna, ya es una nota al pie: 0.7%, una de cada ciento cuarenta y tres.

El calendario coincide con lo que se busca, aunque no hasta el final. De los ochenta a los 2010 el relevo tardío pasa de 65.8% a 74.2% a 81.4% a 85.2% justo mientras el peso del final contra el principio cae de 1.059 a 1.019 a 1.003 a 0.973. En los 2020 la coincidencia se rompe: el relevo sube todavía más, hasta 93.5%, y el peso del final se recupera un poco, de 0.973 a 0.987: por debajo de 1.00 todavía, pero para arriba.

Ahora bien, la explicación incompleta sería que el bullpen evita que haya corredores. En las tres primeras entradas, el 42.2% de los turnos se batea con alguien en base. En las tres del medio, el 43.0%. En las tres últimas, el 43.2%. La proporción es prácticamente la misma a lo largo del partido, y lo ha sido siempre: en los setenta iba 44.6, 44.3 y 45.3. El tráfico en las bases no se detiene en ningún tramo, ni siquiera en el medio, que es donde el bullpen entró más tarde. Bajó en los tres, entre 1.3 y 2.4 puntos, sin desaparecer en ninguno. Lo que aquí se documenta con claridad es la pérdida de pelotas bateadas.

Lo que cambió al mismo tiempo fue otra cosa, y se ve en una tabla que cambia de signo:

Tabla 4.3. Ponches por tramo del juego, década por década

Proporción de los turnos de ese tramo que terminan en ponche. Temporada regular. Fuente: Retrosheet.
Década1ª-3ª4ª-6ª7ª-9ª
191010.3%9.6%9.3%
19207.9%7.1%6.8%
19309.0%7.7%7.6%
19409.9%8.2%8.1%
195012.4%10.9%11.0%
196015.9%14.5%14.8%
197014.2%12.8%13.5%
198014.5%13.1%14.6%
199015.8%14.9%17.0%
200016.8%15.7%18.5%
201020.2%19.3%22.3%
202022.8%21.5%23.9%

Durante setenta años se ponchó menos al final del juego que al principio, y tiene toda la lógica: en las primeras décadas el final enfrentaba mucho más seguido al abridor cansado, en su tercera vuelta al orden, y aun cuando el relevo fue ganando terreno todavía no era el desfile de especialistas de una entrada que llegó después. En los años ochenta el signo se invierte, justo cuando el relevo tardío cruza del 57% al 66%. Desde entonces, el final del partido es la parte donde más se poncha.

La columna del medio sirve de control, y por eso vale la pena tenerla. Desde los años cincuenta, las entradas cuatro a seis han sido siempre el tramo de menos ponches, década tras década y sin excepción: es el tramo en que el abridor ya se acomodó y el bullpen especializado todavía no manda en el partido. Ese piso no se movió de lugar. Lo que se movió fue el techo, que estaba al principio del juego y se pasó al final.

Y la distancia entre el medio y el final mide el salto: el final se ponchaba una décima más que el medio en los años cincuenta, y hoy se poncha dos puntos y cuatro décimas más. La misma brecha, veinticuatro veces más ancha.

Ahí está el resumen de lo que pasó. El final todavía tiene algo más de tráfico que el principio. Lo que sí perdió con claridad fueron pelotas bateadas. El crecimiento y la especialización del bullpen forman parte del mecanismo, pero lo que se puede aislar de su contribución explica solo una fracción de la caída. Y ese final se resuelve cada vez más entre el lanzador y el bateador, sin que nadie tenga que fildear nada. Hay gente en base y no pasa nada.

Y eso se puede contar en pelotas, que es como lo ve el fanático. Comparando la década de los cincuenta con la de 2020 —una base distinta de la de 1956 contra 2025, y por eso da 9.6 pelotas y no nueve—, el reparto no es parejo: las tres primeras entradas perdieron 2.94, las del medio 3.03 y las tres últimas 3.63. Entrada por entrada la pendiente es todavía más nítida —la segunda perdió un 14.6% de sus pelotas, la quinta un 14.0%, y la séptima, la octava y la novena un 19.1%, un 20.0% y un 20.5%—. El último tercio del partido perdió pelotas a una tasa 40% mayor que el centro del juego.

Conviene decir qué es esto y qué no. Del lado del bullpen, hay dos vías y solo una se puede aislar. La de quién lanza es medible y resulta ser la menor: si el final del juego tuviera hoy el reparto de los setenta —57% de relevo en vez de 93%—, habría 0.45 pelotas más por partido, apenas un octavo de lo que se perdió ahí. La otra vía es cómo lanza, y esa no se deja separar: la tasa de pelotas en juego del relevista cayó de 0.734 a 0.627 por turno (−14.6%), y parte de esa caída puede corresponder a la especialización —el hombre que tira una entrada a máxima velocidad sin que nadie lo vea dos veces—, aunque en la cuenta aparezca mezclada con el hecho de que hoy todos ponchan más.

Y lo mismo vale para el conjunto. Es una coincidencia de calendario de casi medio siglo más un mecanismo que se puede señalar con el dedo. No es una demostración de causa: la era del bullpen llegó junto con las rectas de 98 millas, con más ponches en todas las entradas y con una generación de bateadores en la que coincidieron menos contacto y más potencia. Todo eso empujó a la vez.

Y del otro lado del plato

El bullpen es una parte de la historia. Otra está en el cajón de bateo, y también se puede contar.

Tomando a los titulares de cada temporada —cuatrocientos turnos o más— y midiendo con el mismo umbral fijo para todas las épocas:

Tabla 4.4. Los titulares por nivel de ponche, década por década

Titular es el bateador que acumuló 400 turnos o más en una temporada; la primera columna es cuántos hubo en promedio por temporada de la década, no el total. Los porcentajes se calculan sobre todas las temporadas de titular de la década. Temporada regular. Fuente: Retrosheet.
DécadaTitulares por temporadaSe ponchan menos de 10%Menos de 15%Más de 25%
191011875.9%98.0%0.0%
192010792.2%99.3%0.0%
193011083.7%97.6%0.0%
194010678.4%96.9%0.0%
195010457.3%90.3%0.0%
196013328.1%71.5%1.2%
197017335.0%75.9%0.9%
198018528.0%68.0%2.2%
199019818.3%56.5%3.1%
200021812.7%47.6%4.3%
20102064.6%26.4%15.1%
20202101.5%13.7%25.8%

En los años setenta, más de uno de cada tres titulares se ponchaba menos del 10% de sus turnos. Hoy es uno y medio de cada cien. Y el bateador que se poncha en más de la cuarta parte de sus turnos, una categoría que sencillamente no existía antes de 1960, es hoy uno de cada cuatro titulares.

Ahora los cuatro tipos de bateador. Contacto es ponchar menos del 12%; poder es batear jonrón en 3% o más de los turnos, unos veinte jonrones en una temporada completa:

Tabla 4.5. Los cuatro tipos de bateador, década por década

Titular es el bateador que acumuló 400 turnos o más en una temporada. Contacto es poncharse en menos del 12% de los turnos; poder es batear jonrón en 3% o más de ellos, unos veinte jonrones en una temporada completa. Las cuatro columnas reparten a todos los titulares de la década y suman 100% salvo por el redondeo. La década de 2020 va hasta 2025. Temporada regular. Fuente: Retrosheet.
DécadaContacto sin poderContacto con poderPonche sin poderPonche con poder
191090.8%0.4%8.7%0.1%
192090.2%7.1%1.8%0.9%
193079.3%13.1%4.9%2.6%
194076.8%11.6%7.1%4.4%
195053.7%19.8%10.8%15.7%
196035.9%9.8%28.7%25.6%
197045.8%8.6%24.4%21.3%
198037.0%7.8%28.1%27.1%
199025.2%5.7%33.0%36.1%
200017.8%7.0%33.1%42.1%
20109.5%1.9%39.2%49.4%
20203.7%0.9%38.8%56.7%

El que desapareció más completamente no es el que uno esperaría. Es el de la segunda columna: el bateador que hacía contacto y además sacaba veinte jonrones. Era uno de cada cinco titulares en los años cincuenta y hoy es uno de cada cien.

Para verle la cara, entre 1970 y 1989 hubo 286 temporadas de ese tipo. Hank Aaron sacó 47 jonrones en 1971 ponchándose 58 veces. El dominicano George Bell, en su temporada de Más Valioso de 1987, sacó 47 jonrones ponchándose 75 veces en 667 turnos. George Brett aparece diez veces en esas dos décadas; Eddie Murray, seis. No eran rarezas: eran la manera normal de ser un bateador temible.

Y el que manda hoy, con cincuenta y siete por ciento de los titulares de Grandes Ligas, es el de la última columna: el que se poncha mucho y batea jonrones. En los noventa era el 36.1% y en los 2010 el 49.4%.

Puestos al lado de Bell, se ve de qué tamaño es el cambio. Aaron Judge bateó 62 jonrones en 2022 y se ponchó 175 veces. Cal Raleigh, 60 con 188 ponches en 2025. Kyle Schwarber, 56 con 197. Fernando Tatis Jr., 42 con 153. Y en el extremo puro del tipo, Joey Gallo en 2021: 38 jonrones y 213 ponches en 616 turnos.

Bell sacó 47 ponchándose 75. Judge sacó 62 ponchándose 175. Quince jonrones más, y cien ponches más.

Y ese molde ya existía cuando era minoría; tenía nombre y no era el de un astro. Dave Kingman bateó once temporadas de ese tipo entre 1971 y 1986, ponchándose en el 24.2% de sus turnos y bateando .237: de todos los que sostuvieron ese perfil diez temporadas o más, ninguno se ponchó tanto. Su temporada más suya es 1982, 37 jonrones bateando .204. Y no lo querían mucho tiempo en ningún sitio: en 1977 jugó para cuatro equipos en la misma temporada.

Era el bicho raro, y la Tabla 4.4 dice de qué tamaño era la rareza: en su década, apenas el 2.2% de los titulares se ponchaba en más de la cuarta parte de sus turnos, y Kingman vivía justo en ese borde. Hoy en ese borde vive el 25.8%. Uno de cada cuatro titulares de Grandes Ligas se poncha más que el hombre al que su época señalaba con el dedo.

La lista de los que menos se poncharon en cada década termina de contarlo:

Tabla 4.6. Los que menos se poncharon, década por década

Todas las cifras son de la década completa, no de una temporada: los turnos, los ponches y los jonrones de esos años sumados. Califica quien fue titular —400 turnos o más— en tres temporadas o más de esa década. "El de poder" es el que menos se ponchó entre los que batearon jonrón en 3% o más de sus turnos de la década, el mismo umbral de la Tabla 4.5; en la década de 1910 nadie lo alcanzó. "Ventaja sobre el segundo" son los puntos porcentuales que le saca el primero al que le sigue en su propia década. La década de 2020 va hasta 2025. Temporada regular. Fuente: Retrosheet.
DécadaEl que menos se ponchóPonchesVentaja sobre el segundoEl de poder que menos se ponchóPonchesJonrones
1910Ossie Vitt3.2%0.1———
1920Joe Sewell1.6%0.0Ken Williams4.8%190
1930Joe Sewell0.8%1.1Bill Dickey3.7%168
1940Tommy Holmes2.1%0.2Stan Musial4.2%146
1950Nellie Fox2.0%1.0Yogi Berra4.5%256
1960Nellie Fox2.2%1.9Al Kaline8.9%210
1970Félix Millán3.5%0.2Carl Yastrzemski8.6%202
1980Bill Buckner4.6%0.0Don Mattingly5.4%164
1990Tony Gwynn3.4%0.9Cal Ripken9.0%198
2000Juan Pierre5.6%0.4Nomar Garciaparra8.6%133
2010Juan Pierre6.4%0.7Víctor Martínez10.3%135
2020Luis Arráez5.9%3.6José Ramírez12.2%175

Joe Sewell se ponchó cuatro veces en 671 turnos en 1929. Cuatro en toda la temporada, y no fue un accidente: en los diez años de esa década se ponchó 1.6% de las veces, sobre más de seis mil turnos.

Pero el dato que de verdad muestra la extinción está en la cuarta columna. Arráez le saca 3.6 puntos al segundo mejor de su década. En las once décadas anteriores, la mayor ventaja que alguien le sacó a su perseguidor fue de 1.9 puntos, y en siete de las once no llegó a un punto: Gwynn le ganó a su segundo por 0.9, Buckner empató con el suyo. El bateador de contacto no perdió el oficio. En la cima, Arráez se quedó solo, y la columna mide exactamente cuán solo.

El oficio sigue siendo posible: su 5.9% de la década es una cifra extraordinaria para estos años, aunque no llega al 3.4% de Gwynn en los noventa.

La columna de la derecha es la otra mitad, y es la que enseña qué tipo estuvo más cerca de extinguirse: el que sacaba jonrones sin poncharse. Yogi Berra sacó 256 jonrones en los años cincuenta ponchándose 4.5% de las veces. Stan Musial, 146 con 4.2% en los cuarenta. Don Mattingly, 164 con 5.4% en los ochenta. Y el mejor de la década de 2020 es José Ramírez, con 12.2%.

Ese es el salto: del 4.5% de Berra al 12.2% de Ramírez, con los dos sacando más de ciento cincuenta jonrones en su década. Y para medir cuánto se movió la vara, vuelve Bell: sacó 181 jonrones en los años ochenta ponchándose 11.3%, y eso lo dejaba en el puesto once de su propia década. No era una rareza ni un fenómeno; era un buen bateador entre muchos parecidos. Ese mismo 11.3% ganaría hoy la década de 2020, y por casi un punto de ventaja.

La cima del contacto puro quedó monopolizada por un solo nombre. El contacto con poder quedó en uno de cada cien titulares —y el mejor de ellos ni siquiera habría entrado entre los primeros once de los años ochenta.

Aquí hay que ser preciso sobre lo que esto prueba. Mide que el tipo casi desapareció, no por qué. Caben cuatro explicaciones y estos números no alcanzan para separarlas.

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Notas

  1. En esta serie, "turno" significa aparición al plato. La metodología y las fuentes están al final de la sexta entrega

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